| El golpe de Casado y el final de la guerra |
| Escrito por Angel Viñas y Fernando Hernandez | |
| domingo, 08 de marzo de 2009 | |
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(Publicado en EL PAIS, el 5 de Marzo de 2009)
Hace 70 años se levantó el telón sobre el último
acto de la Guerra Civil: el 5 de marzo de 1939 el coronel Segismundo
Casado se rebeló en Madrid contra el Gobierno Negrín y creó un Consejo
Nacional de Defensa (CND). Poco antes, también se había sublevado la
base naval de Cartagena. La Flota huyó y cortó toda posibilidad de
evacuación masiva. Casado, que llevaba semanas en estrecho contacto con
los agentes de Franco, se había asegurado el concurso de numerosos
mandos militares y de una variada gama de fuerzas políticas que iban
desde los anarcosindicalistas a la Agrupación Socialista Madrileña,
pasando por afiliados de los partidos de la izquierda burguesa. Madrid
padecía hambre y privaciones. La victoria franquista, tras la caída de
Cataluña, parecía inevitable. La resistencia, utópica. La consigna
casadista, paz sin represalias, resultó irresistible. El Gobierno
Negrín y la dirección del PCE tomaron el camino del exilio. En las tres
semanas siguientes las negociaciones del CND no condujeron a nada. En
el ínterin, una corta resistencia comunista en Madrid fue ahogada en
sangre. La guerra terminó como había empezado: con la escisión del
Ejército y la traición.
A ello hay que añadir factores locales derivados de la evolución político-ideológica, relativamente autónoma, en Madrid tras el corte del territorio republicano en abril de 1938. Pocos meses después, anarquistas y socialistas "ensayaron la rebelión", por tomar prestada una expresión de Grass. Sin éxito. En marzo de 1939 pretendieron alcanzar un final de la guerra que les permitiese afrontar un futuro incierto en la mejor posición posible, preservar sus cuadros y ganar apoyos entre las potencias occidentales, en espera de que la configuración de un presunto y ensoñado orden europeo antibolchevique pusiera en valor sus esfuerzos por erradicar la influencia comunista en España. Mézclese todo ello con comportamientos personales, dilucidables sí, pero difíciles de contrastar. Casado en busca de gloria. Besteiro decidido a echar a la cuneta a Negrín. Mandos militares convencidos de que la resistencia era imposible pero que la rendición podría, quizá, salvarles. El pueblo llano, engañado. El golpe casadista y el contragolpe que estalló en Madrid fueron, por lo demás, perfectamente evitables. Tras la tardía y un tanto egocéntrica dimisión de Azaña, el presidente de las Cortes, Diego Martínez Barrio, puso condiciones a Negrín para asumir interinamente la presidencia de la República con objeto de hacer la paz. Ningún historiador neo-franquista ha demostrado que, tal y como ocurrió, Negrín y el Gobierno, incluido el vituperado PCE, las aceptaron. Casado, que interceptaba muchos de los radiogramas que emitía Negrín o que le llegaban, se enteró de la reacción el mismo 5 de marzo. Lo primero que hizo fue impedir que Martínez Barrio recibiera la respuesta. Tal y como había dicho a los agentes de Franco, Casado sabía perfectamente que los comunistas no representaban un peligro. Los anarquistas y los socialistas antinegrinistas que apoyaron el golpe se equivocaron clamorosamente en el pronóstico de lo que iba a ocurrir. Pensaban en términos de la dictadura primorriverista y en un periodo de represión con posibilidad de posterior retorno a la superficie. Por el contrario, Negrín y los comunistas acertaron de pleno. El triunfo franquista no significaría una etapa breve de gobierno reaccionario ni una simple derrota parcial o pasajera. Sería el fin de todo lo que la clase obrera y la burguesía de izquierdas habían conquistado durante décadas así como el aplastamiento de las libertades. La errática reacción comunista demostró, sin embargo, que el PCE carecía de un plan para salir de la guerra. Más tarde, esta historia complicada, de dobles y triples juegos, de espías y traiciones, se embelleció con un estéril debate sobre las posibilidades de resistencia. Negrín sabía que no existían pero de ahí a tirar la toalla como hizo el CDN había un gran salto. Uno de sus errores estribó en no prestar mayor atención a la situación de la Flota, como se le había recomendado insistentemente. Tras el golpe de Casado vendría no el tiempo de las cerezas sino el de las represalias. Como nunca se habían conocido en la historia de España. ¡Ah! y la mitografía subsiguiente. Todavía subsiste, con alguno de sus representantes que vocea su posesión de la única verdad. Llega el tiempo de la desmitografía. Ángel Viñas y Fernando Hernández Sánchez son historiadores. Próximamente publicarán Negrín, los comunistas y el final de la Guerra Civil. |
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| Modificado el ( domingo, 08 de marzo de 2009 ) |