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Sacrificar la cultura, equivocar la politica PDF Imprimir E-Mail
Escrito por Patricio Henandez   
lunes, 25 de enero de 2010

El debate presupuestario es uno de esos escasos momentos epifánicos en el que los ciudadanos podemos comprender el destino de nuestros recursos y las verdaderas prioridades de las políticas públicas.
Pues bien, si no lo remedia el trámite parlamentario, los presupuestos de la Consejería de Cultura y Turismo para 2010 van a suponer el mayor varapalo al tejido cultural de la región y al derecho de acceso a la cultura para todos los ciudadanos producido en los últimos 15 años.
Esta dura afirmación es una evidencia que se desprende de las cifras mismas y de la identificación de los sectores, los programas y las actuaciones que se van a ver gravemente comprometidos en el año entrante.

Lo primero que se constata es que el presupuesto regional sacrifica la cultura en el altar de la crisis: si el total del presupuesto decrece para 2010 un 1,4% respecto a este año, Cultura y Turismo lo hace un 26,41%, la segunda consejería tras Obras Públicas en ver reducidos drásticamente sus fondos.

Así, si bien la Dirección General de Promoción Cultural «sólo» pierde un -7,79, en cambio la del Libro, Archivos y Bibliotecas pierde un -36,56%, y la de Bellas Artes y Bienes Culturales lo hace un impresionante -41,56%.
Añadamos ahora que estos reducidos presupuestos tienen que soportar los irrenunciables -según el Consejero Cruz- «grandes eventos» que constituyen la prioridad de su política ( SOS 4.8, PAC, MANIFESTA 8 o el concierto MTV) que si tienen algo en común son sus presupuestos astronómicos, su carácter de franquicia cultural importada, la reducción de los ciudadanos a público pasivo y la ignorancia de los contextos culturales en que se producen como fenómenos siempre episódicos y pasajeros.

La bienalización y festivalización de la cultura elevada paroxismo que ahora se nos propone se corresponde con un paradigma de política cultural que está ampliamente cuestionado y que heredamos de un momento -el de los grandes crecimientos presupuestarios vinculados al auge de la economía especulativa- que hemos de dar por felizmente superado. En estos tiempos de crisis necesitamos otra política cultural que mire hacia el conjunto de los ciudadanos y atienda sus necesidades culturales reales.

La insistencia sobredimensionada en este modelo en el contexto actual supone además una agresión directa al tejido cultural propio, a las asociaciones, compañías, creadores y centros productores y difusores de cultura a lo largo de toda la región.

En el presupuesto propuesto son las inversiones y las transferencias de capital las que peor parte se llevan, lo que supone menor actividad económica -justo lo contrario de lo que necesitamos- y un fuerte castigo para los ayuntamientos, con lo que la penuria se traslada al plano local y a la cultura de proximidad. Así, Promoción Cultural pierde toda su inversión (1,8 millones de euros), la inversión en Museos baja un 69,2% ( perdiendo 1,67 millones), mientras que las transferencias de capital para museos locales pierde un 63% (en euros casi 4,5 millones). En Patrimonio Histórico las bajadas son también de vértigo: -62,9% en ayudas a los municipios y -69,2% en inversiones para restaurar nuestro patrimonio. El mismo Centro Regional de Restauración pierde nada menos que un 60% de su presupuesto. Las inversiones y transferencias locales en Archivos desaparecen por completo (-100%). Y en bibliotecas la inversión se desploma con un -84,43%. Una completa catástrofe que no tiene precedentes y cuyos efectos serán enormemente perniciosos.

La lista de concretos damnificados por la reducción de partidas finalistas es también muy larga, desde los cineclubs (-43%), a las Cantigas de mayo (-50%), desde los payasos de Pupaclown (-27%) al Festival de Cine de Cartagena (-30%), pasando por los marionetistas de UNIMA, las subvenciones a empresas audiovisulales (-70%), las bandas de música, las escuelas de música, las becas de formación artística (-66%), sin que se libre Murciaescena. Tampoco escapan de la tijera feroz los propios centros de la Consejería, como la Filmoteca Regional (-10%), el Centro Párraga, o el mismísimo CENDEAC (-37%), desapareciendo íntegramente los fondos para el Plan de Impulso a las Industrias Culturales, absurdo mayor en tiempos de crisis.

Sufrirán también esta fiebre reductora la Casa Pintada (-30%), el Museo Salzillo (-21%) , el Museo de Barranda (-22%), o las subvenciones a galerías de arte (-30%). El dinero para el fondo bibliográficos regional pierde 2/3 de su dotación, y la Campaña de biblioteca para todos, dirigida a la integración y atención a inmigrantes pierde toda la aportación regional para quedarse sólo con los fondos ministeriales. Trabajos como la catalogación de fondos y las becas de colaboración bajan de promedio un 30%, lo mismo que las subvenciones a asociaciones y fundaciones de lectura. Y así podríamos poner muchos más ejemplos.

No creo necesario dar más detalles de lo que 2010 va a suponer para la red cultural básica de la región. La magnitud de la reducción de recursos es por completo inaceptable y, para mantener la megalómana apuesta por los grandes espectáculos mediáticos, se han invertido perversamente las prioridades y se ha hecho dejación de la responsabilidad indeclinable de la administración cultural de dedicar los recursos públicos a sostener e impulsar los museos, las bibliotecas, los centros culturales o los teatros, a estimular la actividad cultural de los municipios, las asociaciones, las empresas culturales o los creadores, y a favorecer las oportunidades de todos los ciudadanos para acceder y practicar actividades culturales, lo que supone un rotundo retroceso como política cultural que nos anclará en nuestros atrasos relativos como región.
Modificado el ( lunes, 25 de enero de 2010 )
 
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