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SOBRE LAS MINORÃAS NACIONALES DE ESPAÑA PDF Imprimir E-Mail
Escrito por Raul Marco   
viernes, 23 de marzo de 2007

Nuestro idioma gallego debe merecer toda vuestra simpatía, porque es la lengua del trabajador, del obrero, del artesano, del labriego, del marinero [...]sólo es despreciada por esos señoritos cursis y desocupados de las capitales de provincia. (Castelao)

Los acontecimientos, trágicos acontecimientos, protagonizados por ETA,, tanto en Euskadi como en otras partes de España, plantean de forma perentoria el problema de las nacionalidades y la actitud a tomar ante este problema .

De entrada, conviene tener en cuenta que el problema de las nacionalidades o minorías nacionales, no se reduce a Euskalerría. En España, la unidad se constituyó formalmente, en tanto que nación, en el siglo XV, con la anexión del reino de Navarra [1]por Fernando II (si bien, no fue hasta el siglo XVIII, cuando se utilizó el concepto de «rey de España», y se dejó de utilizar el titulo de rey de Aragón, de Castilla, etc.) Desde entonces han coexistido diferentes nacionalidades, como son la gallega, la catalana y la vasca. Las tres provincias vasconas, se unieron al reino de Castilla, voluntariamente en 1179 Vizcaya, y en 1200 Guipúzcoa y Ãlava.

Conviene recordar que el problema de las nacionalidades, es una más de las manifestaciones de la lucha de clases en todo país. Marx y Engels tienen toda la razón cuando exponían:

 

«La burguesía suprime cada vez más el fraccionamiento de los medios de producción, de la propiedad y de la población. Ha aglomerado la población, centralizado los medios de producción y concentrado la propiedad en manos de unos pocos. La consecuencia obligada de ello, ha sido la centralización política Las provincias independientes, ligadas entre sí únicamente por lazos federales, con intereses, leyes, gobierno y tarifas aduaneras diferentes, han sido consolidadas en una sola nación, bajo un solo gobierno, una sola ley, un solo interés nacional de clase y una sola línea aduanera.»

El actual proceso de globalización, de desregulación, etc., que sufrimos, en nada invalida la anterior afirmación comprobada a lo largo de un amplio proceso histórico, manifestación de la lucha de clases que bajo el capitalismo, puede cambiar de formas, mas no de contenido.

La reacción, y no sólo en España, trata de crear la confusión en los términos No debemos confundir nacionalidad con nación. En una nación, pueden existir varias nacionalidades, como en España. La nacionalidad no siempre se convierte en nación. Resumiendo una formulación ya clásica:

«Nación es una comunidad estable, históricamente formada, de idioma, de territorio, de vida económica y de psicología, manifestada ésta en la comunidad de cultura»

 

En el proceso histórico de formación de las naciones, no todas logran desarrollarse hasta constituirse en Estado. El desarrollo desigual del capitalismo, lleva a que una serie de naciones atrasadas y débiles (Ãfrica es paradigmático al respecto), por el desarrollo de su propia burguesía, caiga bajo las garras del imperialismo colonialista y ahora neocolonialista.

 

Frente a la «unificación» forzosa impuesta por los grandes Estados imperialistas, surge la resistencia de la burguesía de la nación oprimida. Dicha burguesía apela a todo el pueblo, enarbola la bandera de la patria y trata de identificar su propia causa con la causa de todo el pueblo. Surge así el «problema nacional».

 

Mas para la burguesía el problema principal no es el de «liberar a toda la nación, a todo el pueblo y sus nacionalidades». Su problema principal es el mercado, las finanzas, la competencia con la burguesía de otras naciones, y salir triunfadora de esa competencia y confrontación. Por ello, a partir de cierto momento, la burguesía debe escoger: o se mantiene a la cabeza del movimiento nacional y lleva la lucha hasta el fin, hasta la independencia, hasta la separación del imperio dominante y crea su propio Estado; o bien abandona lisa y llanamente el movimiento nacional y se integra con la clase dominante. En España, los grandes banqueros y financieros, vascos, catalanes y gallegos, están perfectamente integrados en el Estado, forman parte de él y se oponen a cualquier movimiento nacionalista.[2]

 

Mas cierto es que las nacionalidades catalana, vasca y gallega, formadas con anterioridad al siglo XVI, no llegaron a fundirse en todos los aspectos con la población del resto de España, ni tampoco gozaron de la libertad para manifestar plenamente sus peculiaridades nacionales con igualdad de derechos, en el Estado que se configuraba poco a poco.

 

No confundimos Estado y Nación El Estado es una manifestación política, es un organismo de dominación de clase, de opresión de una clase sobre las otras. El Estado existe desde que, con la disolución de las comunidades primitivas, comenzó la división de la sociedad en clases distintas, antagónicas.

 

Los rasgos de España como nación y no tan sólo como un Estado formado por varias nacionalidades, se han forjado en varios siglos, y particularmente en los últimos 150 años, sin que ninguna clase social de ninguna de las nacionalidades, haya optado por levantar su propio Estado.[3] Estor rasgos de España como nación, han madurado hasta tal punto, que hoy resulta fuera de lugar, casi grotesco, pretender que lo que únicamente une a los diversos pueblos de España es la existencia de un aparato estatal único y centralizado. Y repetimos, las autonomías de la transición, no son más que una cruel burla, una mofa para todos los pueblos de España.

 

Sin embargo, persisten regiones con rasgos propios que las definen como nacionalidades o minorías nacionales. Téngase claro que la diferencia entre nación y nacionalidad estriba en que para que existe una nación, debe darse, de manera estable, la comunidad de lengua, historia, territorio, vida económica y cultura. Todo ello se da en España, pese a las diferencias existentes. En el seno de una misma nación pueden existir varias nacionalidades, aunque en algunos de los aspectos señalados, como el de la lengua, existan diferencias, o lenguas habladas por las citadas nacionalidades o una parte dentro de ellas.[4] En cuanto a la comunidad de territorio y de vida económica, es tan evidente que no hace falta demostrarlo. Hay que ser muy miope, o cerrado, para negarlo Particularmente, desde hace dos siglos aproximadamente, esa comunidad a escala de toda España, se da, existe, mal que pese a unos u otros.

 

* * *

La autodeterminaciÓn

 

«El derecho de autodeterminación (...) significa exclusivamente el derecho a la independencia en el sentido político, a la libre separación política de la nación opresora. Esta reivindicación de la democracia política significa la plena libertad de agitación en pro de la separación y de que ésta sea decidida por medio de un referéndum de la nacionalidad que desea separarse. Por tanto, esta reivindicación no equivale en absoluto a la separación, fraccionamiento y formación de Estados pequeños. No es más que la expresión consecuente de la lucha contra toda opresión nacional» (V.I. Lenin:†El Derecho de las Naciones a la Autodeterminación†Abril de 1.916)

 

La consigna de autodeterminación, no puede plantearse fuera del contexto en que vivimos, es decir, de aguda lucha de clases, que ni la globalización, ni el «pensamiento único», pueden impedir. Esta época, que sigue siendo imperialista, es la de enfrentamientos más o menos grandes, mitigados en unos momentos, agudizados en otros, y donde los progresistas, por no decir revolucionarios, han de tomar campo abiertamente por el pueblo trabajador.

Es una consigna en el marco en que las guerras imperialistas por el reparto del mundo, la transformación de los Estados nacionales de Europa en Estados coloniales primero, y ahora en neocoloniales, muestra que la burguesía no sólo no ha resuelto la cuestión nacional, sino que ha avivado más aún la rivalidad entre naciones. La guerra de Yugoslavia, mejor dicho, contra Yugoslavia, es un buen ejemplo de lo anterior, así como del doble rasero que aplican las potencias imperialistas, incluida España.

 

Este hecho, ha sido examinado incluso por la sociología burguesa. Así vemos como el sociólogo francés, Maurice Duverger, escribía:

 

«El concepto de “Nación†en el siglo XVIII, es forjado por la burguesía: le sirve para establecer una solidaridad con el pueblo y para movilizar los sentimientos comunitarios de éste contra la aristocracia cosmopolita» [Pero cuando aparece el proletariado como clase revolucionaria con la capacidad suficiente para poner en peligro la fortaleza capitalista]: « la burguesía sigue sirviéndose de la ideología nacionalista, pero ahora contra el pueblo, a punto de caer en el socialismo de tendencia internacionalista. La nación sirve para establecer una solidaridad entre las clases privilegiadas y las clases explotadas, para impedir que los trabajadores de todos los países se unan contra el capitalismo» («Sociología y Política» Barcelona, 1968)

 

El derecho a la autodeterminación es una reivindicación democrática, en la medida en que el pueblo llano no contrapone sus intereses a los de otros pueblos de las otras nacionalidades. Es de plena validez la afirmación de Marx: «El pueblo que oprime a otros pueblos no puede ser libre».En una democracia plena, no este sucedáneo borbónico, para que la igualdad entre las diferentes nacionalidades sea efectiva, ha de reconocerse el derecho a la autodeterminación, es decir, el derecho a la libre y pacífica separación. La «unidad», la «democracia» sólo son frases engañosas, si no se reconoce el derecho a la separación.

Ante este problema, no podemos limitarnos a soltar cuatro generalidades en abstracto, de denuncia de la represión, etc., etc. Nosotros dejamos bien claro, que nuestro apoyo a la autodeterminación, pasa por el derrocamiento de la monarquía y el establecimiento de una República Federativa. Es éste un planteamiento revolucionario, que seguramente nos traerá dolores de cabeza por las incomprensiones de unos y los ataques larvados de otros. Mas precisamente, b ajo un punto de vista verdaderamente revolucionario, Marx planteaba en 1869, la separación de Irlanda de Inglaterra, y añadía «aunque después de la separación se llegue a la federación».

En esa misma idea abundaba Castelao años después:

 

«No es cierto, no, que España sea única e indivisible, y de ahí vienen los peligros de desintegración cuando el Poder se concentra en una provincia, en una ciudad, en un hombre. El separatismo en España es consecuencia de la política absorbente, uniformista, totalitaria. ¿Qué, acaso no es lícito que yo me sienta separatista de Franco? Ah, si yo pudiera en estos momentos separar a Galicia de la España totalitaria, lo haría sin vacilar, aunque no más fuese para decirle a los españoles expatriados: “Aquí tenéis una España en donde se puede vivir en libertad†Pero de una República legalmente constituida por la voluntad del pueblo y asentada sobre las realidades españolas jamás podríamos sentirnos separatistas. Y para defender esa República no hay ni puede haber diferencias entre los españoles auténticamente republicanos»

[...]España no es una entelequia, sino una realidad tangible; no es un vacío abstracto, sino función de concretos: Castilla, más Cataluña, más Euskadi, más Galicia. [...] el republicanismo español ha nacido federal; tiene la obligación de luchar contra el cesarismo unitario y centralista...» ( Montevideo, 18 de Abril de 1943)

 

Los nacionalistas han de comprender que ellos solos nunca lograrán sus objetivos; que deben unir sus esfuerzos a los de todos los que luchamos contra la monarquía y por la república. Sus aspiraciones no tienen cabida, no pueden realizarse en el marco de la Constitución de 1978, y no porque esa Constitución esté ya desfasada (nunca ha estado «al día»), sino porque desde el primer momento ha sido y es una Constitución centralista y antinacionalista, pese al engañabobos de las autonomías.

Modificado el ( domingo, 25 de marzo de 2007 )
 
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