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La Unión Europea acaba de
aprobar una directiva que supone un mazazo a una conquista
irrenunciable de los trabajadores. La decisión de “permitir
que los empleados alcancen acuerdos individuales con los empresarios
sobre la duración de la jornada, hasta un máximo de 60 horas semanales
en los casos generales y de 65 en casos especiales como los médicos”, aprobada
el pasado 9 de Junio por los ministros de trabajo de la UE, a propuesta
del Gobierno de Eslovenia (país que preside por turno el Consejo de
Ministros de la UE)es una muestra más del papel de la Unión Europea
imperialista, de unificador de los ataques del capital contra los
trabajadores y los pueblos de Europa.
La
prensa burguesa resaltaba al día siguiente que tal medida, de ser
aprobada finalmente por el Parlamento Europeo, supondría la liquidación
de un derecho, la jornada máxima de 48 horas semanales, aprobado por la
OIT en el año 1.917.
Los
sindicatos médicos ya han avisado que convocarán una huelga general en
toda Europa, en el caso de que salga adelante esta brutal medida;
igualmente dirigentes de CCOO y UGT del propio sector fidalguista han
expresado su indignación, como F. Toxo que apuntaba que la directiva es
«el mayor ataque al derecho laboral desde la creación de la UE».Incluso
reputados representantes de la socialdemocracia de derecha y
defensores, por lo tanto, de la burguesía imperialista, como el
eurodiputado Alejandro Cercas y
el propio ministro de trabajo, Celestino Corbacho la han rechazado en
términos duros, pidiendo a la Eurocámara que “la mejore”.
Es
probable pues que los aspectos más sangrantes de la directiva se
suavicen, pero detrás existe una orientación que es sumamente
peligrosa, cuya aplicación paulatina forma parte del objetivo que
quiere alcanzar la oligarquía imperialistaa lo largo de un proceso de
aplicación de medidas reaccionarias: acabar con la negociación
colectiva e imponer los acuerdos individuales entre empresarios y
trabajadores para debilitar el movimiento obrero.
La burguesía europea y la de
cada Estado miembro, trabajan de acuerdo a un método similar a la hora
de hacer avanzar sus planes: inicialmente dejan ver sus objetivos sin
tapujos, sin suavizarlos, para con posterioridad ir podando los
aspectos más salvajes, los que despertarían una mayor reacción, pero
garantizando en todo momento la orientacióngeneral; así permiten de
paso que sus agentes en el seno del movimiento obrero: los dirigentes
oportunistas de los sindicatos de masas, se “legitimen” como
negociadores. Ese fue su modo de actuar al tratar la directiva
Bolkenstein cuyos aspectos más alarmantes se dejaron para una mejor
ocasión, a cambio de garantizar la aplicación de nuevas medidas
tendentes a desreglar el mercado de servicios a costa de los intereses
del proletariado.
La
directiva aprobada el lunes no es una idea nueva. El del jueves fue el
sexto intento a lo largo de cuatro años de sacarla adelante. Hasta
ahora no se había acordadopor la oposición de, entre otros, los
gobiernos de Francia, España e Italia. La prensa del entorno
socialdemócrata ha hecho hincapié en el hecho del triunfo reaccionario
en Francia e Italia, a la hora de explicar la activación de la medida.
Pero lo cierto es que junto a probados ultra reaccionarios como
Berlusconi, genuinos representantes de la“tercera vía” socialdemócrata,
como G. Brown, han sido impulsores de la directiva, que, por cierto no
obtuvo ningún voto en contra. Solo cinco Gobiernos: los de España,
Bélgica, Hungría, Grecia y Chipre, se abstuvieron. Queda claro así,
que, salvo matices (importantes, pero matices), existe unanimidad en
los representantes de la oligarquía europea, incluidos los
socialdemócratas. Ha sido también particularmente triste el papel del
Gobierno de Chipre, formado por representantes del partido revisionista
de la isla, ganador de las últimas elecciones, al no oponerse a la
directiva.
Si las
instituciones de la UE siempre han trabajado por unificar las políticas
anti obreras de la oligarquía imperialista, ahora éste papel resalta
aún más y adquiere un carácter particularmente peligroso en un contexto
de crisis del capital. Todas las medidas que han venido adoptando en
los últimos meses las diversas instituciones de la UE van dirigidas a
descargar las consecuencias de la crisis capitalista sobre las espaldas
de los trabajadores liquidando en el proceso conquistas históricas del
movimiento obrero. La UE es un formidable obstáculo en la lucha por
garantizar los derechos sociales y políticos de los trabajadores.
Ninguna
de sus decisiones tiene en cuenta las necesidades de la mayoría
trabajadora del viejo continente: La negativa del Presidente del Banco
Central Europeo, Tritcher a bajar los tipos de interés, por ejemplo,
está provocando un encarecimiento del crédito, especialmente del
hipotecario, que amenaza la economía de millones de familias; el
mantenimiento de cuotas de producción agrícola, láctea y ganadera y las
restricciones paralelas a la entrada de productos de países no
desarrollados, ha agravado la carestía de los productos alimenticios;
la negativa al establecimiento de un sector industrial público en los
países miembros y a la subvención estatal de productos estratégicos,
como la energía, siderurgia, etc., están profundizando la intensa
desindustrialización en países como el nuestro.
La
directiva contra la inmigración que prevé penas de cárcel (la
oligarquía utiliza el cínico eufemismo de retención) de hasta diez y
ocho meses para los inmigrantes sin papeles, junto a otras medidas de
claro tinte racista y xenófobo, son un último ejemplo del cariz cada
día más reaccionario de la UE. Estas medidas, no van a acabar con la
inmigración (producto de la insostenible situación que la política
imperialista ha provocado en los países no desarrollados), ni lo
pretende; su intención es otra: justificar la creciente represión
estatal contra la mayoría trabajadora, calmar los miedos de los
sectores de la pequeña y media burguesía duramente golpeados por
lapolítica imperialista y abaratar aún más la mano de obra inmigrante
para incrementar la colusión entre los trabajadores.
Todas
estas medidas se aprueban e imponen con desprecio a las más elementales
normas democráticas: simplemente, no se consulta a los pueblos de
Europa, como demuestra el caso de la directiva de la que hablamos quese
ha tramitado y aprobado a espaldas de los ciudadanos.
Y
cuando éstos imponen el referéndum y la oligarquía siente amenazada la
aplicación de sus planes, busca nuevas vías para golpear al pueblo
trabajador. Sobran muestras de lo que decimos: La Constitución Europea
elaborada por una comisión de notables, de contenido desconocido para
la inmensa mayoría de los ciudadanos y rechazada contundentemente por
los pueblos de Francia y Holanda en sendos referendos celebrados en
2005, va a ser impuesta con la simple aprobación de los parlamentos
nacionales, fieles servidores de los intereses capitalistas, por la vía
de cambiar el nombre por el de “Tratado de Lisboa”, manteniendo eso sí,
los aspectos más importantes para la oligarquía de aquella.
Enrique
Barón, eurodiputado del PSOE y ex presidente del Parlamento Europeo,
asustado por el repunte del NO en el referéndum del 12 de Junio en
Irlanda (único Estado que, por mandato constitucional va a someter el
tratado de Lisboa a referéndum) resumía recientemente en la prensa el
desprecio de los representantes “democráticos” de la burguesía, hacia
la opinión de los ciudadanos europeos: “...no tiene sentido someter este tipo de procesos del que dependen casi 500 millones de personas a la ruleta rusa” (“El País”, 7 de Junio.)
Una
conclusión se impone en la actual coyuntura: es preciso unir las
fuerzas populares contra la Europa del Capital y de la Guerra, del
reaccionario neoliberalismo, contra las políticas más agresivas y
antipopulares de la oligarquía. Rechazar la UE, sus instituciones y el
intento de reforzar su papel de potencia agresiva, cada vez más, es una
prioridad para los trabajadores.
11 de Junio de 2008, Secretariado del Comité central
P.C.E. (m-l)
Alejandro Cercas, manifestaba a la prensa que "supone
un grave retroceso que convierte el derecho laboral europeo en un
material de usar y tirar". "Es un precedente peligroso", y añadía que en su opinión, "dejar al trabajador que pacte a solas con el empresario es renunciar a toda la historia legal y de lucha social colectiva".
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