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( Publicado en La Verdad, el 2 de Junio de 2008)
Puesta en valor», «progreso», «puestos de trabajo»
, socorridos argumentos con los que se construyó, en medio de la
maravillosa bahía de Águilas, un puerto deportivo que ha destruido y
hurtado a los bañistas un gran tramo de su playa, sin haber logrado atraer
el turismo de yate y joyería esperado, y finalmente los únicos puestos de
trabajo ofertados, son los del que vigila los botes y el que pone gasolina
a las motoras.
Eso sí, habrá servido para que unos cuantos tahures,
se forraran con la compraventa de puntos de amarre de barcos, cuyos
foráneos patrones nunca más fueron vistos cerca del lugar. Mi gozo en un
pozo y la cuenta al maestro armero, con la especial gravedad de estar
hablando de daños irreversibles, que no solamente destruyen paisajes, si
no que contribuyen a empobrecer y desarticular, el sentido compartido de
los valores históricos, monumentales y paisajísticos, sociales y
económicos, de los pueblos mediterráneos.
El parador «que no
sobresaldría de la muralla», en palabras de Miguel Navarro, ha robado el
protagonismo a la Torre Alfonsina y aumenta su metastásico volumen, como
un tumor maligno en el corazón de nuestro más querido emblema urbano,
mientras que al otro lado de la Almenara la sombra de otra locura, se
cierne sobre la costa de la Marina de Cope, acabe o no en un inmenso
resort invendible y despoblado, por la explosión de la burbuja
inmobiliaria y la crisis económica mundial, destruyendo nuestro hábitat
más impoluto.
La «puesta en valor» anunciada sería, con mucho,
para los que cojan el dinero y corran antes de la debacle final; el
«progreso», el de las cuentas corrientes de los empresarios y políticos
que intercambiaron leyes por dinero, para enladrillarnos el último paraíso
del Mediterráneo, y los «puestos de trabajo» anunciados, del tipo de los
que ofrecen los nórdicos vejestorios, de las lujosas urbanizaciones
semidesiertas de Cabo Palos o Marina d'Or: limpiadoras y jardineros. Todos
estos vaticinios, no son teorías negativistas, si no tesis constatadas,
contemplando con horror el arrasamiento de la costa al norte y al sur de
Cabo Cope, atravesando la inmensa herida abierta en el espacio natural
surcado por la «autopista de los resorts» y percibiendo la degradación de
unos pueblos, inducidos a la codicia, a la pérdida de sus valores y
economías sostenibles, por poco apoyo institucional que recibiesen,
convirtiéndolos en dormitorios de camareros y limpiadoras.
Si
ustedes evocan el final de El planeta de los simios, recordarán el
espectáculo impactante de la estatua de libertad semienterrada en la
arena, y sabrán que tal destino no fue fruto de la casualidad, ni de un
cataclismo cósmico, si no de una conspiración que tuvo nombres y
apellidos.
Los nombres y apellidos que ustedes conocen, y las
fuerzas políticas y económicas que confabulan por acción u omisión sus
interés políticos y económicos, personales y partidistas, para que un día,
otra generación, pronuncie ante la visión devastada de la costa murciana,
las mismas palabras de un Charlton Heston que, de rodillas sobre arena,
golpea el suelo de impotencia, mientras lanza al espacio un grito
desesperado: «Lo habéis destruido. Yo os maldigo a
todos».
Cambiemos el futuro: movilicémonos contra la
conspiración.
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