| Empresa española busca político con contactos |
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| Escrito por Miguel Angel de Lucas | |
| lunes, 26 de mayo de 2008 | |
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(Publicado en Diagonal, numero 78 del 15 al 28 de Mayo) Ni varios másteres ni fluidez en los idiomas, el perfil más demandado para puestos directivos es el del político con una valiosa agenda. De los 89 ex ministros desde la UCD, la cuarta parte dio el salto a la empresa. Taguas y Zaplana han sido los últimos ejemplos. A finales de abril, las grandes constructoras elegían a David Taguas, ex director de la oficina económica de Moncloa como presidente de su lobby del ladrillo. Casi al mismo tiempo, Eduardo Zaplana fichaba como delegado en Europa del Grupo Telefónica. La empresa ha señalado que la función de su fichaje será representar a la compañía ante gobiernos, autoridades y otras compañías europeas algo que se antoja difícil, ya que, pese a su desparpajo, el ex portavoz popular no habla inglés, y menos aún francés o alemán. No importa demasiado. Para acceder a los altos cargos de algunas compañías españolas (Sogecable, La Caixa o Telefónica) los departamentos de recursos humanos no valoran tanto las titulaciones, o la experiencia profesional como otros puntos en el currículum : una voluminosa agenda de contactos y acceso a información confidencial. En este sentido, el caso de David Taguas es digno de estudio. Hasta hace menos de cinco meses tenía acceso a los mecanismos de la economía española, a información restringida del Gobierno, a tomar decisiones sobre planes de obra pública o vivienda protegida. A pesar del revuelo político y mediático, la ley de incompatibilidad no ha presentado problemas. El paso de la política a la empresa apenas tiene dificultades en el sistema español. Desde el primer Gobierno de la UCD, la cuarta parte de ex ministros ha pasado del Gobierno a cargos con grandes sueldos. Y aunque en los últimos años esta tendencia se ha intensificado, estas puertas giratorias acompañan al Estado moderno casi desde su fundación. Como escribía el fiscal Joaquín González en un artículo en El País, fue Max Weber quien advertía cómo el nacimiento del Estado moderno fue impulsado de forma decisiva por los banqueros, obsesionados por la seguridad de los negocios : “Se formalizó así un matrimonio de intereses bendecido por el capital, con reparto de papeles bien definido. Los magnates del dinero, conscientes de que el poder es por naturaleza oculto, se reservaron una función discreta, mientras que se les reconoció a los políticos el señorío del gran teatro de la vida pública”. Una vez concluido el período en política, sólo queda pasar al otro lado del escenario. Taguas y Zaplana serían, exclusivamente, los últimos actores de una farsa en la que se cruzan el interés público y privado. Analizamos éstos y otros casos. “Me tengo que hacer rico…, tengo que ganar mucho dinero, me hace falta mucho dinero para vivir”, decía Eduardo Zaplana en 1990, durante una de las conversaciones telefónicas recogidas en el llamado Caso Naseiro, que dejaba al descubierto una trama de financiación ilegal del PP. Zaplana, con 33 años, empezaba entonces a tomar posiciones en el partido derechista, refundado bajo la batuta de Aznar. El recién nombrado ‘embajador’ de Telefónica en Europa se ha mantenido siempre fiel a aquella elocuente declaración de intenciones : todas sus actuaciones han estado animadas por la búsqueda del enriquecimiento. Con el apoyo de los personajes subalternos de su entorno político fiel ,ha constituido un pozo negro en el que se han sumergido ingentes cantidades de dinero público : en el Ayuntamiento de Benidorm, en Terra Mítica o en sobredimensionadas adjudicaciones de contratas a amiguetes desde el Ministerio de Educación. Varios de sus más estrechos colaboradores están procesados por estos trajines continuados, pero Zaplana ha conseguido que, hasta ahora, la cosa sólo llegue hasta su cordón de seguridad. Ya se sabe que la Justicia está para perseguir a los pobres y los insumisos.Ni los banqueros, ni los políticos corruptos, ni los amigos del rey acaban entre rejas. Cuando vino a Madrid para incorporarse al Gobierno de Aznar, Zaplana, con su característico estilo de nuevo rico, adquirió un piso en el Paseo de la Castellana de más de 500 metros cuadrados. El recibo mensual de la hipoteca era superior a sus ingresos como ministro, pero la política institucional permite reeditar a diario el milagro de los panes y los peces. Ahora, como gran ejecutivo de Telefónica, podrá llegar más holgadito a fin de mes y sin que se sospeche tanto de sus cuentas. La antigua empresa pública se ha convertido en un INEM de lujo para políticos en excedencia. El socialista Luis Solana inició su proceso de privatización y fue Villalonga, el compañero de pupitre de Aznar, quien lo culminó. Desde entonces, se han hecho multimillonarios a costa de ella unos cuantos personajes vinculados al Clan de Valladolid, con el que Zaplana ha mantenido siempre una estrecha relación. Incluso el propio Manuel Pizarro fue cariñosamente acogido en el seno de Telefónica como consejero tras dejar la presidencia de otra empresa pública privatizada, Endesa, con una indemnización de sólo 14 millones de euros. De este peculiar INEM se benefician, sobre todo, personajes ligados al PP –el PSOE tiene su propia red–, pero no falta alguna guinda del partido gubernamental en el pastel telefónico, como el ex secretario general de las Juventudes Socialistas, Javier de Paz, consejero de la entidad. Parece que Paz ha contribuido a acelerar el fichaje de Zaplana. Se dice que el ex presidente de la Generalitat puede ayudar a la expansión de la empresa en Italia, dada su buena relación con Berlusconi, una especie de gran Zaplana enfangado en numerosos pleitos judiciales que nunca se resuelven. El político cartagenero no habla italiano, francés ni inglés. Tampoco valenciano, a pesar de que es una lengua romance hermana del castellano y de que tuvo incluso un profesor particular cuando era presidente de la Generalitat. Pero no cabe duda de que sí conoce a la perfección el lenguaje de Berlusconi. |
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| Modificado el ( lunes, 26 de mayo de 2008 ) |
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