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Como republicanos, manifestamos nuestro apoyo a los
sindicatos en la denuncia de los atentados contra la educación pública
emprendidos por la Conselleria. Consideramos, junto a ellos, que hay que hacer
frente a la forma dictatorial en que la Administración pretende desarrollar sus
propuestas, como el Plan Èxit y la forma de poner en marcha de la Educación para
la Ciudadanía; asimismo, coincidimos en que hay que destacar su carácter de
cortinas de humo que intentan ocultar la dura realidad de la educación
pública.
Tal como demuestran las movilizaciones masivas que llevan a cabo los
compañeros catalanes y madrileños, se generalizan los ataques contra la
enseñanza en diversas zonas, más allá del color de los gobiernos autonómicos,
mientras se intenta debilitar los servicios públicos, incluidos la sanidad
y las prestaciones sociales.
No es casual que semejante ofensiva se
recrudezca a medida que la crisis general se hace más evidente: por un lado, el
Estado ofrece a los capitales privados nuevos sectores para sus inversiones,
tras el derrumbe del modelo especulativo basado en la construcción; como
contraste sangrante, el Gobierno no duda en paralizar las ayudas a los parados
que había prometido hace meses. Por otra parte, a la Administración se le
presenta la ocasión para intentar debilitar a los sectores de trabajadores más
fuertes y organizados, en especial los del sector público, a través de medidas
que, como el Plan Èxit, buscan descargar en el profesorado (ante los padres y el
resto de la sociedad) la responsabilidad del fracaso escolar y de la falta de
soluciones, como si unas cuantas clases en julio sirvieran para paliar la
masificación, la falta de medios, el desinterés por la formación y la cultura, o
la falta de ofertas para el ocio y socialización de los jóvenes, también durante
el verano.
Es evidente el efecto que semejantes maniobras pueden tener en la
población, en un contexto de crecientes dificultades para las familias a causa
del encarecimiento de las hipotecas, la inflación y el aumento del paro. Es el
mismo caldo de cultivo que están encontrando los mensajes excluyentes y
xenófobos en los pueblos y ciudades, asumidos o tolerados por sectores cada vez
más amplios de la "clase política".
Por todo ello, consideramos urgente,
además de mantener la oposición a la política de la Generalitat contra lo
público, la búsqueda de respuestas globales que impidan la división de los
trabajadores. Cabe unir a los distintos sectores que aspiramos a conquistar
mayores cotas de democracia frente al autoritarismo de unos pocos, para que la
respuesta a la crisis no sea, una vez más, sinónimo de recortes sociales.
Creemos necesario trabajar por unificar la contestación popular contra las
agresiones que ya estamos sufriendo, y las que se avecinan.
En consecuencia,
animamos a los sindicatos, partidos políticos, asociaciones de padres y madres,
de vecinos, culturales, etc., a aunar esfuerzos para exigir políticas
democráticas y de progreso, para las mayorías, que aseguren el poder adquisitivo
de los sectores populares y la defensa y calidad de los servicios públicos para
todos.
Enlace a información sobre el problema
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