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(Publicado en El Pais, los dias 4 y 5 de Abril de 2008)
Los agentes del Seprona de la Guardia Civil no dudaron en desobedecer a
un juez de guardia y ocultar información a otros dos en su empeño para
construir las acusaciones que hoy llevarán a tres médicos de la clínica
de abortos Isadora, de Madrid, a declarar ante el juez como imputados
por un delito de abortos ilegales.
Las irregularidades arrancaron el mismo día que dos agentes del
cuerpo entraron en la clínica alegando que iban a inspeccionarla, según
los documentos de la instrucción que lleva a cabo el juzgado de
instrucción 47 de Madrid, a los que ha tenido acceso EL PAÍS, y cuyo
titular es José Sierra Fernández. Pese a ello, el juez ha dado
cobertura a las actuaciones de la Guardia Civil.
A las 10.30 del
16 de febrero de 2007, los dos agentes procedieron a "realizar una
inspección" en el centro, según los atestados y consideraron que se
estaban gestionando mal los residuos, al tratarlos como biosanitarios y
no como funerarios. El destino que deben tener estos residuos queda
algo ambiguo en la normativa de la Comunidad de Madrid y, en todo caso,
el centro había pasado hasta la fecha satisfactoriamente las
inspecciones de la Consejería de Sanidad.
Los documentos de la
Guardia Civil, que presentan algunas contradicciones, revelan que los
agentes buscaban algo más. El resultado fue el oficio presentado ante
el juez de guardia aquel día, el número 6, en el que se acusó a un
trabajador de la clínica de manipular los residuos mientras los agentes
estaban ocupados escribiendo el acta de la inspección.
En el oficio, la Guardia Civil informó al juez de que los bidones
habían sido inmovilizados hasta que "la autoridad competente determine
su destino" y las iniciales "irregularidades en la gestión de residuos"
se habían convertido ya en indicios de "supuestos abortos ilegales".
Por todo ello, la Guardia Civil solicitó "autorización para que el
personal del Instituto Anatómico Forense retire estos supuestos restos
humanos para su oportuno estudio".
La respuesta del magistrado,
de tres párrafos, fue contundente: "Visto el contenido del oficio
presentado, procede de plano y mediante la presente resolución de
obligado cumplimiento, denegar la autorización solicitada". El juez fue
más allá y censuró además al jefe de los agentes: "Debiendo abstenerse
el sargento firmante del escrito de elucubrar sobre abortos ilegales,
cuando no existe el más mínimo indicio racional de que se hubiesen
producido, sin que quepa elevar las elucubraciones a la categoría de
indicios".
La Guardia Civil no informó de esta providencia a la
clínica y mantuvo la orden de no tocar los bidones llenos de residuos
sanitarios en el patio del centro, fuera de la cadena de frío en la que
debían guardarse.
El lunes 19 de febrero, la Guardia Civil empezó
una maratón de llamadas a la Comunidad de Madrid tratando de encontrar
un asidero para seguir con sus pesquisas. Llamó primero a la Consejería
de Medio Ambiente, pero ésta no les hizo caso y les remitió a Sanidad.
Allí sí fueron atendidos, aunque no fue hasta las 13.30 del día
siguiente, tras más de media docena de llamadas, entre ellas una a la
directora general de Sanidad Elisa Borrego. Es entonces cuando la
Guardia Civil fue informada de que personal de este departamento se
"hará cargo de los envases con residuos clínicosanitarios".
En
los atestados de la Guardia Civil no consta si los agentes informaron
en algún momento a Sanidad de la negativa del juez de permitir su
inspección.
Finalmente, el jefe técnico de Sanidad Juan Raúl Sanz
Jiménez y dos agentes de la Guardia Civil se llevaron los ocho bidones
al tanatorio situado en Alcobendas, donde a partir de las siete de la
tarde procedieron a la apertura de dos de ellos, contraviniendo al juez.
Encontraron
material quirúrgico, fetos y restos de liposucciones. A las 20.20, los
agentes decidieron llamar al juez de guardia de Alcobendas, al que
informaron de la actuación que se estaba "llevando a cabo, consistente
en el desprecinto de los envases intervenidos". Al magistrado no le
informaron de la negativa recibida cuatro días antes por otro juez pero
sí le aportaron datos de lo que acababan de encontrar: restos humanos y
"un blíster vacío de 10 comprimidos de Cytotec, medicamento este de uso
indebido para la interrupción del embarazo".
El magistrado de
Alcobendas, según el acta de los hechos, "informa que se continuara la
actuación y se diera cuenta a la autoridad judicial del lugar de los
hechos", en este caso los juzgados de Plaza de Castilla de Madrid. Este
trámite ante el juez no consta en ningún documento del expediente
judicial, salvo en el acta escrita por los propios agentes.
La Guardia Civil siguió abriendo los otros seis bidones hasta las 23.30. El botín
obtenido fue el blíster de Cytotec, nueve fetos -cuatro de ellos en
formol- e incontables residuos sanitarios y quirúrgicos. Con todo ello
volvieron a los juzgados de Plaza de Castilla, esperando tener más
suerte que la vez anterior. Esta vez, con un nuevo atestado en el que
no se hacía ninguna referencia al escrito presentado días antes en el
juzgado 6, lograron su objetivo: el juzgado de guardia (el número 31)
autorizó el examen de los restos de fetos para determinar la edad
gestacional y el asunto recae después, por reparto, en el juzgado 47.
El titular, José Sierra Fernández, abrió diligencias previas.
El
Seprona siguió investigando por su cuenta. Identificó a las mujeres
cuyos nombres aparecían en los botes de formol y también a otras: entre
los restos de la clínica apareció una lista con los nombres de las
pacientes de una tarde de uno de los médicos. Con el argumento de una
supuesta vulneración de la Ley de Protección de Datos, y antes de que
el juez les pidiera nada, comenzaron a llamar a declarar a las mujeres
como testigos. Y no sólo les preguntaron asuntos relativos a la
protección de datos, sino que quisieron saber todos los detalles sobre
los abortos. Ya no se sabe si estaban investigando la gestión y
tratamiento de los residuos o abortos ilegales. Más tarde, cuando
recibieron las indicaciones del magistrado, éste sólo les pidió que
"identificaran" a las mujeres que aparecían en los botes de formol.
Pero los agentes ya se habían extralimitado.
Los informes del
Anatómico Forense avalaron la tesis de la clínica, señalando, eso sí,
que no es posible dictaminar con total exactitud la edad gestacional.
En siete de los nueve fetos examinados está claro que no tenían más de
22 semanas. En dos hay dudas, según los distintos criterios que se
pueden usar.
El juez ha seguido pidiendo historias clínicas: de
todas las mujeres que abortaron en esos días en Isadora y solicitó
también que se pinchara el teléfono de la psiquiatra del centro. Entre otros motivos, porque los informes que emitía eran muy parecidos.
CRONOLOGÍA DEL INICIO DE UNA PERSECUCIÓN
- 16 de febrero de 2007LA GUARDIA CIVIL LLEGA A LA CLÍNICA ISADORADos
guardias civiles del Seprona acuden a la Clínica Isadora para,
supuestamente, comprobar la gestión de residuos orgánicos del centro.
El camión de una empresa de gestión de residuos estaba en esos momentos
recogiendo algunos contenedores. La Guardia Civil ordena su precinto e
inmovilización, rompiéndose así la cadena de frío.Ese mismo día los
agentes acuden al Juzgado de Guardia de Madrid para pedir autorización
para abrirlos. El juzgado (número 6 de Instrucción) lo deniega ante la
falta del "mínimo indicio" de la comisión de algún delito. Pide a la
Guardia Civil que se abstenga de hacer "elucubraciones".
- 17 y 18 de febreroEL SEPRONA DESOBEDECE AL JUEZLos
residuos siguen precintados a pesar de la decisión del juez de guardia.
La Guardia Civil no informa a la clínica de lo ocurrido y mantiene los
contenedores inmovilizados y fuera de la cadena de frío.
- 19 de febreroINTERVIENE LA COMUNIDAD DE MADRIDLa
Guardia Civil acude a la Comunidad de Madrid para proseguir con la
investigación ante la negativa judicial. Después de muchas llamadas
telefónicas consiguen que la consejería de Sanidad se comprometa a
retirar los contenedores. -
20 de febrero (1ª parte)SE ABREN LOS CONTENEDORES SIN AUTORIZACIÓN JUDICIAL Un
jefe técnico de la comunidad Juan Raúl Sanz Jiménez dice que se deben
retirar los envases porque, al estar fuera de la cadena de frío
-situación que ha provocado el Seprona, y no la clínica Isadora- puede
haber algún riesgo sanitario. Los contenedores salen camino de un
tanatorio privado de Alcobendas. Allí son abiertos en presencia del
jefe técnico de la consejería de Sanidad, dos guardias civiles -se
desconoce en calidad de qué, es decir, si era ya sólo un asunto
sanitario de la comunidad- y un médico del tanatorio. Los agentes
llaman por teléfono, en mitad del proceso, al juzgado de guardia de
Alcobendas. No hay ninguna constancia por escrito ni se sabe con qué
juez hablaron. En los escritos de la Guardia Civil solamente se hace
referencia a que obtuvieron una especie de autorización verbal. En caso
de haberse producido tal conversación, no comunicaron que un juez de
Madrid ya había denegado la petición, pues esta supuesta "juez de
guardia" de la que hablan les dijo que se diera cuenta "al juez del
lugar de los hechos"; es decir, Madrid.
- 20 de febrero (2ª parte)EL SEPRONA BUSCA OTRO JUEZEn
los contenedores aparecen, entre otras cosas, cinco fetos y cuatro
restos fetales conservados en formol que la Guardia Civil considera que
son "de entidad suficiente" y que pueden tener más de 22 semanas,
límite de la Clínica Isadora para la práctica de abortos. Requisan
estos restos e incineran lo demás.Los agentes del Seprona vuelven, una
vez más, a los juzgados de Plaza de Castilla a contar el caso, con un
nuevo atestado. Omiten que ha sido archivado días atrás por el número
6. El juzgado de guardia en ese momento autoriza el examen de los fetos
y el atestado recae por reparto en el 47.
- 23 de febreroEL SEPRONA LOGRA ENCONTRAR OTRO JUEZEl
titular del juzgado de instrucción número 47, José Sierra Fernández,
abre unas diligencias previas. Cuatro días después de su primer intento
y gracias al tercer juez con el que prueba, el Seprona logra que el
caso se judicialice.
- 2 de marzoLA GUARDIA CIVIL VA MUCHO MÁS ALLÁ DE LO QUE PIDE EL JUEZEl
magistrado del 47 pide a la Guardia Civil que "identifique" a las
pacientes que aparecían en las etiquetas de los botes de formol y al
personal que trabaja en la clínica.La orden judicial la reciben el 9 de
marzo. Antes, desde el día 2, la Guardia Civil ya estaba llamando a
estas mujeres. Y también a otras que aparecían en la hoja de consulta
de una tarde de un médico encontrada entre los residuos de las
clínicas. Las llamaron a todas como testigos -en algunos casos
acudieron directamente a sus casas-. Incluso en los supuestos en los
que aparentemente solamente podía haber una vulneración de la normativa
de protección de datos, les preguntaban que si habían abortado, los
motivos, etcétera
- Desde marzo de 2007 LOS FETOS NO TIENEN MÁS DE 22 SEMANASEl
Anatómico Forense dice que no puede determinar con total exactitud la
edad gestacional de los fetos. De los nueve, en siete casos se afirma
que están por debajo de las 22 semanas. Hay dos que no están claros,
pero según la longitud del fémur estarían por debajo. El juez, sin
embargo, sigue con la investigación. La clínica pide que el
procedimiento pase al juzgado 6, el primero que se encargó de él. La
propuesta tiene el visto bueno del fiscal. El juez Sierra dice en un
auto que el caso es suyo. Sigue investigando.
La Guardia Civil conmino a mujeres a explicar por que habian abortado
La Guardia Civil se aprovechó del desconocimiento de las leyes de
algunas pacientes de la clínica Isadora para, tras llamarlas como
testigos y no como imputadas, preguntarles por qué habían abortado, las
semanas de gestación en el momento de la interrupción y si tenían
informes que probaran la razón del aborto, según consta en las actas de
comparecencia de las mujeres incluidas en el sumario del caso. Con
estas preguntas los agentes pretendían averiguar si se habían cometido
delitos de aborto ilegal. "En principio, cualquier interrogatorio de
contenido incriminatorio debe hacerse en calidad de imputado para
salvaguardar garantías procesales como la presencia de abogado", señala
el penalista Alberto Jabonero.
Al menos cuatro mujeres fueron sometidas a estos interrogatorios en
marzo de 2007. Seis más, que ni siquiera habían abortado pero cuyos
nombres los agentes del Seprona de la Guardia Civil encontraron entre
los residuos de la clínica, también fueron preguntadas sobre el motivo
de su presencia en la clínica, en todos los casos para una revisión
ginecológica.
Estos diez interrogatorios fueron llevados a cabo
sin petición judicial alguna. Meses más tarde, a partir del pasado
diciembre y ya con una solicitud del juez, los agentes suavizaron sus
interrogatorios con otras 10 mujeres, pese a lo que no dudaron en
acudir a sus casas y en tomar declaración a una niña de 14 años que
había abortado. Todavía siguen identificando a mujeres y llamándolas
como testigos.
Los agentes del Seprona preguntaron a las cuatro
primeras si su identidad correspondía a la etiqueta hallada "en un bote
que contiene un feto de formol". Una de ellas, ante el tenor de las
preguntas, acabó defendiendo su actuación: "Todos los hechos han sido
realizados de forma legal, por medio de informes médicos de la
especialidad de ginecología, y siguiendo los trámites legales marcados
por la Seguridad Social", según consta en el acta de comparecencia.
Los
agentes animaban a las mujeres a denunciar a la clínica Isadora, en
algunos casos por una vulneración de la ley de protección de datos -ya
que su nombre y teléfono había sido encontrado entre los residuos
sanitarios que iban a ser incinerados-. En otros, según el acta de una
paciente que sí quiso tomar medidas contra el centro, la razón era que
su feto "apareció en un cubo de la basura". En realidad, según consta
en el sumario, el supuesto cubo de la basura eran los bidones o
contenedores, herméticos y refrigerados, en los que la clínica
depositaba sus residuos. Estos bidones eran retirados tres días a la
semana del centro por una empresa autorizada que procedía a su
destrucción. El destino de estos residuos, que la clínica (avalada por
las inspecciones de la Comunidad de Madrid) consideraba biosanitarios y
la Guardia Civil como funerarios, está en el origen de la investigación
del Cuerpo Armado.
Meses después de estas primeras declaraciones,
coincidiendo con la polémica en Barcelona por la investigación judicial
a las clínicas del doctor Carlos Morín, el procedimiento judicial
contra Isadora volvió a cobrar impulso. El 10 de diciembre de 2007 el
juez Sierra pidió que declararan todas las mujeres que habían abortado
en la clínica durante los días anteriores a la recogida de los residuos
incautados por la Guardia Civil. En total, 25 mujeres.
El
magistrado solicitó al centro los historiales clínicos de todas ellas,
que incluían a dos menores de edad - una chica de 13 años y otra de 15
cuando se les practicó el aborto- y pidió al Seprona que las
identificara y citara. Algunas de ellas ya habían sido llamadas en
marzo, cuando la Guardia Civil actuaba sin autorización judicial.
En
esta segunda tanda de citaciones, en algunos casos, en lugar de usar
otros procedimientos legales, los agentes se presentaron directamente
en el domicilio de las mujeres, sin tener en cuenta si sus familiares
sabían que habían abortado. "Vinieron un día a mi domicilio a las ocho
de la tarde, mientras bañaba a mis hijos", recuerda una de ellas, que
no quiere ser identificada. "Me dieron un susto de muerte. Decían que
había mucha alarma social con lo de Morín en Barcelona y que querían
que declarara. Sentí que había hecho algo terrible".
Estas
declaraciones fueron distintas de las del mes de marzo. Ya no
preguntaban por qué se había producido el aborto, ni las semanas de
gestación, ni si tenían informes para probar que todo había sido legal.
Las
preguntas se centraban esta vez en cuestiones procedimentales de la
clínica: a cuántas consultas habían asistido, qué preguntas les había
hecho la psiquiatra, si el personal había realizado alguna prueba
médica... y finalmente les enseñaban las fotos del personal de la
clínica en un álbum fotográfico, como si fueran sospechosos policiales,
por si reconocían a alguien.
Una de las testigos tenía 14 años
cuando la llamaron, 13 cuando abortó. En la declaración estuvo
acompañada por su madre. Ambas eran de nacionalidad rumana. A esta
menor, que había llegado a Isadora derivada por un centro de salud
mental de Alcalá de Henares (Madrid) también le hicieron todo tipo de
preguntas sobre los pormenores de las consultas previas a la
intervención, el precio de la intervención -que había corrido a cuenta
de la sanidad pública- y también le enseñaron las fotos de los médicos
que la habían asistido como si fueran delincuentes.
El fiscal
pidió que se interrumpieran estos interrogatorios, señalando, en un
escrito de 17 de enero que esta diligencia no era "relevante" ni
"necesaria". Y pide que, si no se acepta su solicitud, las mujeres
declaren al menos ante el juez. El magistrado Sierra rechazó la
petición y aseguró que la Guardia Civil estaba preservando, en todo
momento, la intimidad personal y familiar de las mujeres.
Los tres médicos de la clínica Isadora se acogieron ayer a su
derecho a no declarar ante el juez hasta que éste concrete exactamente
los hechos que les imputa a cada uno, según explicó el abogado del
doctor Luis Hidalgo, Gonzalo Martínez Fresneda. "Nuestros clientes no
tienen ningún problema en colaborar, pero una vez que está debidamente
informado de cual es el reproche que se le está haciendo, sobre qué
pacientes y qué abortos. No tiene ningún sentido que un juez pretenda
que unas personas declaren en general, de nada en concreto". Otras
fuentes jurídicas consultadas señalan que conocer con exactitud los
hechos para poder elaborar una defensa constituye una garantía básica
del sistema penal.
La Asociación de Clínicas Acreditadas para la
Interrupción del Embarazo (ACAI) expresó ayer su apoyo a Isadora y
pidió al Gobierno una intervención "urgente" para evitar la
"persecución" por parte de grupos antiabortistas. La entidad señala en
un comunicado que se está poniendo en peligro la seguridad jurídica de
los profesionales que trabajan en sus clínicas y de las mujeres que
acuden a ellas, y que se podría ocasionar "un problema grave de salud
pública".
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