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No tuvo la misma suerte de Chávez el hermano menor de
Juan Carlos de Borbón. Al príncipe Alfonso de Borbón no le apuntó con la mano
solamente. A él lo calló para siempre. Transcurría la Semana Santa del 29
de marzo de 1956.
Es un hecho lamentable, pero indispensable reseñarlo para demostrar el manto de
misterio y reserva sobre aquellos acontecimientos que puedan perjudicar la
imagen del rey Juan Carlos. Es tanto así, que usted no conseguirá fácilmente
una foto, una referencia periodística o reseña del malogrado hermano, Alfonso
de Borbón. Es como si nunca hubiese existido
Es una rareza gráfica ver una imagen del hermano del rey de
España. Esta foto es del año 1955, durante un paseo en un bote alquilado en el
lago Albufera de Valencia, España. Arriba y en el centro del bote el actual rey
Juan Carlos I y su hermano, el príncipe Alfonso (a su derecha); al frente,
observándolos, su padre don Juan de Borbón. Un año después, Juan Carlos mataría
a su hermano de un disparo en la cara
Como siempre, la gran prensa española y el gobierno franquista trataron de
liberar de toda responsabilidad y acusación al elegido por el
"Caudillo", pero los hechos saltaron la barrera de la manipulación.
La primera versión difundida señalaba que el príncipe Alfonso se había
disparado a sí mismo en la frente limpiando un revólver.
A la censura se sumaron los nobles de España que regularmente visitaban la
ciudad portuguesa de Estoril; así como la prensa de Portugal, sometida a la
dictadura del derechista general Salazar.
Ante el controversial suceso, es interesante destacar el relato del libro Don Juan Carlos. El Rey de un pueblo,
de Paul Preston (Editorial Plaza & Janés, 2003).
Paul Preston no es uno de esos articulistas de farándula de la realeza en la
revista Hola. Tampoco se le
puede calificar de comunista, antimonárquico o de "chavista". Paul
Preston es un reconocido historiador e hispanista, nacido en Inglaterra, autor
de diversas obras de Historia Contemporánea de España, es Doctor en Historia
por la Universidad
de Oxford, y es miembro de la Academia Británica de Historia.
"El 29 de marzo, Jueves Santo, después de una misa vespertina en la
iglesia de San Antonio de Estoril, la familia había regresado a casa. A las
ocho y media de la noche, el coche del médico de la familia, el doctor Joaquín
Abreu Loureiro, paró en seco a las puertas de Villa Giralda. Según parece,
ambos muchachos habían estado en el cuarto de juegos, en el primer piso de la
casa, entretenidos en tirar al blanco con un pequeño revólver, del calibre 22,
mientras esperaban la hora de la cena. El comunicado oficial distribuido por la Embajada de España en
Lisboa sobre la muerte de Alfonso decía: «Mientras su Alteza el Infante Alfonso
limpiaba un revólver aquella noche con su hermano, se disparó un tiro que le
alcanzó la frente y le mató en pocos minutos. El accidente se produjo a las
20:30, después de que el Infante volviera del servicio religioso del Jueves
Santo, en el transcurso del cual había recibido la Santa Comunión». La
decisión de silenciar los detalles fue adoptada personalmente por Franco",
describe Paul Preston.
Luego la verdad emergería
Pronto se revelaría que ese Jueves Santo, Juan Carlos había matado a su
hermano Alfonso, de 14 años, de un disparo en la frente, con su revólver
calibre 22 que le había regalado Francisco Franco. Para la fecha de la tragedia
el futuro rey de España contaba con 18 años de edad y un año de instrucción
militar en la
Academia General Militar de Zaragoza. Todo fue un accidente.
La propia madre de Juan Carlos y Alfonso, "Doña María de
las Mercedes -continúa Preston- dio a entender tiempo después que Don Juan
Carlos, jugando, había apuntado el arma hacia Alfonsito y, sin saber que la
misma estaba cargada, había accionado el gatillo. En parecidos términos, parece
que el propio Don Juan Carlos confesó a un amigo portugués, Bernardo Arnoso,
que él había apretado el gatillo sin saber que el arma estaba cargada...".
En otro pasaje de su libro Don Juan
Carlos. El Rey de un pueblo, Paul Preston explica cómo las
relaciones familiares se deterioraron irremediablemente.
"Don Alfonso [el malogrado hermano menor] recibió sepultura en el
cementerio de Cascais, al mediodía del sábado 31 de marzo de 1956. Don Juan
Carlos asistió a la ceremonia vestido con el uniforme de oficial cadete de
Zaragoza. Incapaz de soportar la presencia de su hijo mayor, Don Juan le ordenó
que volviera a la
Academia Militar. El general Martínez Campos y el comandante
Emilio García Conde se habían presentado allí con un avión militar español en
el que el Príncipe [Juan Carlos] fue devuelto a Zaragoza", por orden de
Franco, obviamente.
"Don Jaime de Borbón, hermano de Juan de Borbón y tío de Juan Carlos y
Alfonso, exigió, en su calidad de jefe de la Casa de Borbón, que se abriera una investigación
al respecto para depurar la responsabilidad del príncipe Juan Carlos, al
considerar que tal suceso podía afectar a la línea sucesoria, que no llegó a
ninguna conclusión. Este hecho afectó mucho emocionalmente a su madre, Doña
María de las Mercedes de Borbón, que estaba presente durante el accidente y
tuvo que recuperarse en una clínica alemana a causa de depresiones (...) porque
se creía responsable por haber dejado a sus hijos jugar con el arma, para
evitar que, aburridos en un atardecer lluvioso, siguieran peleándose".
¿Homicidio culposo? Lo menos, irresponsabilidad de parte de Juan Carlos de
Borbón, quien con sus conocimientos de armas, puesto que cursaba en la Academia Militar
de Zaragoza, y con 18 años de edad "jugaba semejante juego" con su
hermano menor.
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