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La Iglesia en Pie de Guerra PDF Imprimir E-Mail
Escrito por Julio M. Fernandez   
lunes, 01 de octubre de 2007

 En la publicación del presente artículo en el boletín número 24 de  la Plataforma falta la llamada a la nota al pie nº1, después de  "¡cómo no! se oponen los muy despreciables".

  En pie de guerra como siempre que sienten que pueden perder alguno de sus inmerecidos y abusivos privilegios terrenales, pues los príncipes y jerarcas del Vaticano, que tanto claman por la espiritualidad, no vacilan en emplear todos los medios, absolutamente todos incluidos los más arteros, rastreros y vulgarmente materialistas para defender sus muchos bienes terrenales.

            Mienten desvergonzadamente, tergiversan, no vacilan en prestar al contrario posiciones e intenciones que no tienen. Ante la asignatura de Educación de la Ciudadanía, aprobada por el Parlamento, menos por los aznáridos, claro, fieles súbditos del Jefe de Estado del Vaticano, han lanzado una campaña desde los púlpitos, sus medios de comunicación, que son muchos, sus periodistas y otros iluminados por el Espíritu Santo, deformando, mintiendo descaradamente sobre dicha asignatura, que dicho sea de paso, poco tiene de interesante: algunas palabras para combatir la xenofobia, el racismo, la libertad de pensamiento (y ahí es donde más le escuece a nuestros meapilas) y poco más. O sea, que el Gobierno de Zapatero no se ha excedido lo más mínimo, al contrario, se queda corto, pero que muy corto.

            Como de costumbre, son los príncipes de la Iglesia, empezando por Rouco, Cañizares cardenal y Primado de Toledo, y otros semejantes, hasta el jesuita portavoz de la Conferencia Episcopal Española, Martínez Camino, rivalizan en denostar al actual Gobierno.Llega el citado jesuita a declarar tajantemente: «Colaborar con la implantación de la nueva asignatura es colaborar con el mal». Así este asotanado individuo aplica la máxima de su orden desde hace siglos, aquella de «El fin justifica los medios».Hablan de perdón, de comprensión, de libertad, de no condicionar los pensamientos, etc., etc. con una caradura que deja perplejo a cualquiera.

 

Decía Juan Goytisolo en un formidable artículo (El País, 9-7-07), sorprendido de que el director de El Mundo empezara una entrevista al jerarca de Toledo, Cañizares, pidiéndole perdón por haber publicado un artículo de Álvaro Pombo contra las posiciones del cardenal:

¿Disculpas? Caber excusarse con una institución que jamás lo ha hecho por los crímenes y brutalidades que jalonan su larga y poco piadosa historia? ¿Se ha disculpado la Iglesia por los tormentos y hogueras del Santo Oficio que acabaron con la vida de decenas de millares de españoles, acusados de judaizantes, luteranos, sodomitas, hechiceros y una larga lista de herejías reales o supuestas? ¿Por la condena de quienes se arriesgaron a pensar por su cuenta y a vivir de acuerdo con su naturaleza y creencias? ¿Por su reiterada excomunión de liberales, masones, republicanos, comunistas, etcétera, desde el absolutismo fernandino hasta hace unas cuantas décadas? Por su intervención directa en las guerras civiles del XIX que frenaron la modernización de España y por su vergonzoso apoyo al pronunciamiento militar contra la República, calificada nada menos que de Cruzada en la Carta Colectiva del Episcopado de 1937? ¿Por el exterminio planificado de los “rojos” por ese mismo dictador a quien recibían bajo palio en sus tiempos y que acuñaba con su asenso las famosas monedas de “Caudillo de España por la Gracias de Dios”?

No, ni la Iglesia española ni el Jefe del país extranjero al que los tonsurados de por acá prestan obediencia servil y lacayuna, han pedido perdón por tantas atrocidades cometidas, por tanta locura perpetuada a través de los siglos. Durante cientos de años la Iglesia, sus miembros en general (son rarísimas las excepciones, el que esto escribe ha conocido alguna en América Latina) han aplicado ¿ciegamente? las órdenes del Papa y sus príncipes, generales y demás capitostes. Acostumbrados desde siempre a controlar las actividades de sus «rebaños», no piensan ahora en el siglo XXI abandonar lo que ellos consideran sus privilegios, uno de los cuales ha sido –y de cierta forma sigue siéndolo- la educación en todos los órdenes, el lavado y deformación de los cerebros. De ahí sus pataletas, sus soflamas enrabietadas…La Conferencia Episcopal aprobó hace unos pocos meses un documento sobre la educación, en el que no dejan lugar a dudas sobre sus intenciones, retrógradas y oscurantistas:

..En el proyecto educativo de la escuela católica, Cristo es el fundamento. […]El fundamento y razón básica de este ser y hacer educativo es Dios, Verdad, Bien y Belleza supremas.[…]Una de las manifestaciones de la cultura…(...) es la crisis moral con raíces claramente culturales. Se caracteriza por la exaltación de la libertad y de la conciencia individual como fuentes de valores, independientemente de la verdad del hombre y de Dios. […] La escuela católica está al servicio de la educación no por ningún privilegio o concesión del Estado…Especial importancia ha de tener el profesor de religión.Como en todo tipo de escuela, es un profesor enviado por el obispo con la misión de enseñar en nombre de la Iglesia….

            Ese tipo de enseñanza, nadie se la niega a los católicos, pero que la reciban en sus centro, en las iglesias, seminarios etc., y que los gastos sean asumidos por los que quieran esa educación o pagados por la Iglesia misma, que cuenta con los medios más que suficientes para ello. Pero no. No les basta con poder impartir sus negruras ideológicas y supersticiones, quieren que eso sea impuesto en todas las escuelas, no sólo en las privadas (el 90 % de las cuales están en sus manos), o en las concertadas (ídem de ídem), sino también en la pública. Eso sí, que lo pague el Estado, es decir todos los contribuyentes, el erario (que siempre, siempre, es público). Ocultan que la cantidad que desembolsamos y ellos se embolsan, no es bagatela, es de más de 3.000 millones de euros anuales, es decir, unos ¡500.000 millones de pesetas! ¡¡Y les parece poco a estos humildes siervos de Dios y el Vaticano!!       

            A la actitud de la Iglesia, prepotente, dictatorial, se han opuesto a lo largo de los tiempos sabios, científicos, intelectuales varios que corrieron diversa suerte, unos fueron quemados, como Giordano Bruno, otros supliciados de diversas maneras, otros calumniados y desterrados, vilipendiados todos, pues la bondad de la Iglesia está reservada para los elegidos… No está de más traer a colación lo que opinaba el gran Víctor Hugo con respecto a la actitud de la Iglesia, que:

Impide a la ciencia y al genio ir más allá del misal y quiere enclaustrar el pensamiento en el dogma. Todos los pasos que ha dado la inteligencia en Europa, lo ha hecho a su pesar. Su historia está escrita en el reverso de la historia del progreso humano. Se ha opuesto a todo…no hay un poeta, un escritor, un filósofo, un pensador, que acepten. Y todo lo que ha sido escrito, descubierto, soñado, deducido, ilusionado, enajenado, inventado por los genios, el tesoro de la civilización, la herencia común de las inteligencias, lo rechazan…
(El País, 7-8-07)

Son siglos  de barbaridades atroces, que la Iglesia deforma, y procura ocultar. A la campaña popular por la recuperación de la memoria histórica, campaña a la que, ¡cómo no! se oponen los muy despreciables[1] jerifaltes aznáridos, la Iglesia quiere imponer SU memoria. Y ahí tenemos al Vaticano, ese Estado extranjero enemigo de los pueblos y amigo de los reaccionarios (citemos a título de ejemplo a Mussolini, Franco, Trujillo, Batista, etc.), que  trata de compensar los crímenes del franquismo oponiendo a los 498 «mártires» muertos en su lucha fascista contra el Gobierno legal republicano. En octubre, el Papa Benedicto XVI, ex inquisidor del Santo Oficio, guardián de los misterios misteriosos del Vaticano, él mismo nazi hitleriano en su juventud, beatificará a esos «mártires». Y están preparando un acto por todo lo alto al que pretenden llevar miles de gregarios desde España. Esperamos que el Gobierno de España tenga, por lo menos, la gallardía de no enviar algún representante, empero con el aquel del talante es de temer un desaguisado más en ese terreno.

            Separación de la Iglesia del Estado efectiva, concreta, total. Esa es la cuestión escamoteada, el problema tabú que el Gobierno deja de lado, ¿para cuándo? En vez de afrontar directamente esta situación, se mantienen unas relaciones Estado-Iglesia propias del franquismo. No sólo el Gobierno de Zapatero no se atreve a hincar el diente a esta cuestión, sino que ha retrocedido sobre acuerdos obtenidos anteriormente, como es el de la financiación (en 1979) por el que la Iglesia aceptaba «lograr por sí misma los recursos suficientes para la atención de sus necesidades ».No sólo el Gobierno exige el cumplimiento de esos acuerdos, sino que ha aumentado la financiación a la Iglesia. Y esos cardenales y obispos aún quieren más.

La religión sigue siendo opio para una parte del pueblo-afortunadamente los creyentes son cada vez menos-  además, los curas la convierten en un

« ¡Trágala perro!»

            El Estado no debe tener nada que ver con la religión, las asociaciones religiosas no deben estar vinculadas al Poder del Estado. Toda persona debe tener plena libertad de profesar la religión que prefiera o de no reconocer ninguna, es decir, de ser ateo […] Es intolerable en absoluto cualquier diferencia de derechos entre los ciudadanos en dependencia de sus creencias religiosas. En los documentos oficiales debe ser suprimida por completo la menor alusión a una u otra religión de los ciudadanos. No debe existir ningún pago del Estado a la Iglesia, ninguna entrada de sumas del Estado a las asociaciones eclesiásticas y religiosas, las cuales han de ser asociaciones completamente libres, independientes del Poder, de ciudadanos unidos por la comunidad de creencias. Únicamente la satisfacción íntegra de estas reivindicaciones puede poner fin al vergonzoso y maldito pasado.
(V.I.L. “Acerca de la religión”)


[1] En la edición de 2001 del Diccionario de la Lengua Española, aparece el vocablo «comemierda» como acepción de «persona despreciable».No está nada mal…

Modificado el ( lunes, 01 de octubre de 2007 )
 
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