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“Memorias de un luchador antifranquista. De Yecla a Benicalap por las montañas del maquis" PDF Imprimir E-Mail
Escrito por Murcia Republicana   
lunes, 25 de enero de 2010
lqleemos25_2009.jpgTodo empezó entre las calles Cerro y Mediodía. Allí se levantaba una humilde casa en la que vivía José Navarro Pascual, un niño republicano, por rememorar al emblemático Haro Tecglen, que veía con angustia cómo su padre, bracero de procesión, llegaba a casa cada noche destrozado por el cansancio; mientras su madre, que había trabajado de pulimentadora en la única fábrica de muebles del municipio, se veía obligada a dejar el trabajo.

Pero fueron estos padres, “El Rojo” (apodado así no por su ideología, sino por el color de su cabello) y Pilar Navarro, quienes inculcaron en el joven José una serie de valores progresistas que se verían truncados de lleno con el estallido de la Guerra Civil. Antes, durante la II República, el joven José había estudiado en el antiguo colegio de las Escuelas Pías, consiguiendo grandes avances gracias a una escuela pública que era baluarte del nuevo régimen...

El Bienio Negro (noviembre de 1933 - febrero de 1936) significó la llegada de los primeros problemas a la hasta entonces tranquila vida de José, pues su padre falleció debido a una grave enfermedad y él, junto a su madre y su hermana, se vio sumido en la más triste miseria. Pero estos problemas crecieron sobremanera tras el 18 de julio de 1936, día del estallido de la guerra. En aquel tiempo, Navarro Pascual, que todavía era un niño de 12 años, ya ayudaba al entonces alcalde, Juan Pacheco Lozano, en diversas tareas del Partido Socialista. Estaba claro que la semilla que sus padres habían plantado en él estaba empezando a germinar. A pesar de su incipiente adolescencia, José comprobó como el principal intento democrático de este país era asaltado por la intransigencia de los militares africanistas, los terratenientes y los sectores católicos más reaccionarios. Durante esos años las penurias se acentuaron. La comida escaseaba y el robo en huertos y campos ajenos se convirtió entarea imprescindible para poder sobrevivir.

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Españoles en manos del Doctor Muerte PDF Imprimir E-Mail
Escrito por Jose Maria Irujo   
domingo, 20 de septiembre de 2009

aribert_heim_conocido_doctor_muerte.jpg(Publicado en EL PAIS, el 20 de Septiembre de 2009)

La causa penal contra Aribert Heim, el Doctor Muerte, el nazi que asesinó a decenas de presos en el campo de concentración de Mauthausen (Austria) sigue abierta en Alemania, y sus viejos legajos, todavía secretos, encierran sorpresas. En 1976, el comisario Aedtner, el sabueso policía alemán que dedicó su vida a perseguir al Carnicero de Mauthausen, redactó un documento de 15 páginas dirigido a la fiscalía de Baden Baden (Alemania) en el que pidió que se buscara e interrogara en varios países a nueve ex presos españoles que pasaron por las manos de Heim en los siniestros quirófanos del Revier, la enfermería del campo en la que varios médicos de las SS asesinaron a centenares de personas con inyecciones de cloruro de magnesio en el corazón

El documento del Departamento de Investigación Criminal de Stuttgart en el que trabajaba Aedtner, al que ha tenido acceso EL PAÍS, señala que, consultado el libro de operaciones de Mauthausen, los ex presos españoles "podrían ser de extrema importancia porque fueron tratados por Heim y posiblemente fueron testigos de los asesinatos perpetrados" por el médico austriaco, que entonces tenía 27 años. En la lista aparecían Antonio Cerdán Rodríguez (Ferrol), Manuel Fernández Martínez (Madrid) y Manuel Fernández Canga (Mieres), residentes en Alemania; José Abad Segura, Olegario Serrano Calero y Manuel Elena Hernández, en Francia, y Juan Farre Rebola (Barcelona), Antonio Roig Llivi (Barcelona) y Joaquín Velilla Celma (Teruel), en España. Al menos 26 presos españoles fueron intervenidos por Heim en 1941, según ha confirmado este periódico en el libro de operaciones. Ocho murieron en Mauthausen y Gusen, campo próximo, y cinco de ellos, en fechas cercanas a la intervención.

Modificado el ( domingo, 20 de septiembre de 2009 )
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El golpe de Casado y el final de la guerra PDF Imprimir E-Mail
Escrito por Angel Viñas y Fernando Hernandez   
domingo, 08 de marzo de 2009

(Publicado en EL PAIS, el 5 de Marzo de 2009)

Hace 70 años se levantó el telón sobre el último acto de la Guerra Civil: el 5 de marzo de 1939 el coronel Segismundo Casado se rebeló en Madrid contra el Gobierno Negrín y creó un Consejo Nacional de Defensa (CND). Poco antes, también se había sublevado la base naval de Cartagena. La Flota huyó y cortó toda posibilidad de evacuación masiva. Casado, que llevaba semanas en estrecho contacto con los agentes de Franco, se había asegurado el concurso de numerosos mandos militares y de una variada gama de fuerzas políticas que iban desde los anarcosindicalistas a la Agrupación Socialista Madrileña, pasando por afiliados de los partidos de la izquierda burguesa. Madrid padecía hambre y privaciones. La victoria franquista, tras la caída de Cataluña, parecía inevitable. La resistencia, utópica. La consigna casadista, paz sin represalias, resultó irresistible. El Gobierno Negrín y la dirección del PCE tomaron el camino del exilio. En las tres semanas siguientes las negociaciones del CND no condujeron a nada. En el ínterin, una corta resistencia comunista en Madrid fue ahogada en sangre. La guerra terminó como había empezado: con la escisión del Ejército y la traición.

Los acontecimientos de marzo de 1939 marcaron indeleblemente los debates del exilio. Dejaron en algunos una sensación de vergüenza, en otros, avivaron el rencor. Se generó una bibliografía testimonial de tono acusatorio o exculpatorio. Los constreñimientos ideológicos de la guerra fría aportaron lo suyo. Los mitos proliferaron. Sobresalieron cuatro, de los cuales tres los aprovechó al máximo la propaganda de los vencedores: Casado se había adelantado a un golpe comunista; éste contaba con la complicidad de Negrín para prolongar una resistencia estéril que sólo convenía a los dictados de una potencia extranjera (la Unión Soviética); fue una medida profiláctica y no una puñalada por la espalda. Habría que comprender, pues, a quienes se sacrificaron por la causa de la independencia de España: ante todo Casado, pero también el líder socialista moderado Julián Besteiro. Un cuarto mito pronto fue arrojado a la cuneta: el Gobierno Negrín no tenía respaldo constitucional tras la dimisión de Azaña de la Presidencia de la República y el reconocimiento del Gobierno de Franco, liderado por Francia y el Reino Unido. Esta construcción jurídico-política chocó en efecto con la creencia, muy enraizada entre los exiliados, de que las instituciones republicanas seguían subsistiendo.

La historiografía académica (Aróstegui, Bahamonde, Cervera, Graham, Preston) comenzó hace tiempo el derribo de los mitos que todavía alimentan cuidadosamente autores que pasan por autoridades. ¿Cabe hacer más? Sí. Hay que expandir la gama de fuentes primarias, coetáneas de los hechos y menos contaminadas ideológicamente que las reconstrucciones posteriores. Son las que permiten recuperar los entresijos de lo que sucedió y, por ende, apuntalar una historia que prescinde de mitos y, en lo posible, de prejuicios.

No hubo ninguna conspiración comunista. Las teleológicas interpretaciones de un amplio elenco de historiadores neo-franquistas deben echarse a la basura. Negrín no preparó nombramientos militares para poner lo que quedaba de Ejército Popular bajo control comunista. Tampoco actuaba al dictado del PCE. En contra de los muchos que siguen presentando al partido como una especie de Leviatán, más bien era un gigante con los pies de barro, autoencadenado de tiempo atrás a la batuta que manejaba Negrín. Su reacción ante el golpe casadista careció de la más mínima coordinación. En Madrid hubo un efímero contragolpe, mal diseñado y peor ejecutado. En Levante se mantuvo en un estado de movilización expectante. En el resto del territorio no se produjo la menor resistencia y el PCE se vino abajo como un castillo de naipes. En cuanto a influencias extranjeras, sí las hubo pero del lado francés y británico, en estrecha conexión con los agentes de Franco. Por su parte, ya antes del golpe casadista Stalin se había lavado las manos de la República, en parte porque no existían posibilidades de que resistiera y en parte, también, porque el Gobierno francés había entorpecido los flujos de suministro.

Modificado el ( domingo, 08 de marzo de 2009 )
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Esta Gente qué querrá... PDF Imprimir E-Mail
Escrito por Luis E. Prieto   
sábado, 24 de enero de 2009

 index.2.jpgEn homenaje lejano a Felipe Reyero, compañero de ideas, y a toda una época

Estaba en la cola de las entradas para poder oír a Juan Manuel Serrat en la Plaza de Toros de las Ventas. Hacía un calor plúmbeo y cómplice entre los que soportábamos, estoicamente, a que abrieran, de una vez, las taquillas.

Sentí que alguien me apretaba el brazo.

-          ¿Luis? ¿Eres tú nuestro antiguo delegado de Actividades Culturales?

No le reconocí en un primer momento, a pesar de que su imagen me persiguió durante casi seis años.

-          ¿Miguel Angulo?

Sonreía sin dejar de apretarme el brazo. Por un instante tuve ganas de escupirle, de apartar bruscamente mi brazo de su mano, pero habían pasado ya casi veinte años y supe controlarme.

Me desarmó su afabilidad y su sonrisa, que parecía sincera.

-          El mismo, Luis, el mismo. Llevo años intentando hablar contigo para disculparme…

-          ¡Vamos, Miguel, no me jodas! A ti te debo gran parte de los dolores de una época… Aunque nunca es tarde.

Quise cambiar de tema, porque se me agolpaban los recuerdos y las rabias.

-          ¿Qué haces tú por aquí?

-          Pues lo que tú, supongo: intentar conseguir entradas para escuchar a Serrat.

-          ¿Tú a Serrat? Me dejas perplejo. Mucho has debido haber cambiado últimamente…

-          Bastante, Luis, bastante. Te podría contar muchas cosas…

Miguel Angulo se había convertido en mi sombra universitaria desde que fui elegido Delegado de Actividades Culturales de la Facultad de Medicina de la Complutense por la FUDE (1), en oposición flagrante al oficialista SEU (2).

Modificado el ( sábado, 24 de enero de 2009 )
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Enrique Ruano, franquismo y postfranquismo PDF Imprimir E-Mail
Escrito por Salvador Lopez Arnal   
sábado, 24 de enero de 2009
81159_enriqueruano.jpgTomo los datos básicos de artículos de prensa y de los ecos que mi memoria ha acuñado de aquel asesinato.
Enrique Ruano estudiaba quinto de Derecho en la Universidad de Madrid y era militante de los FELIPE, del Frente de Liberación Popular, una organización de izquierda comunista en la que también militó, por ejemplo, Manuel Vázquez Montalbán. El 17 de enero de 1969 fue detenido en un bar, junto a su compañera y dos personas más, por sicarios de la policía franquista. Fue acusado de actividades subversivas contra el Régimen del general golpista Francisco Franco. Después de tres días interminables de tortura y malos tratos en comisaría, fue conducido por tres policías  a un piso del centro de Madrid para realizar un registro. Ruano subió esposado hasta el séptimo piso del número 60 de la calle del General Mola (actualmente, Príncipe de Vergara). No salió vivo.

Los policías que le acompañaron declararon que Ruano emprendió una carrera alocada hacia la salida de la casa y que, sin llegar a la escalera, se arrojó a un patio interior. Así se afirma en el escueto informe policial que da cuenta de los hechos. Era, recuerdo, enero de 1969, treinta años después de finalizada la guerra civil, cinco años después de aquellos abyectos “25 años de paz” promovidos por el ministro de Información del fascismo español, seis años después del asesinato de Julián Grimau.

La primera autopsia que se practicó, al poco de su muerte, localizó una herida “contusa redondeada” de siete milímetros de diámetro con fractura en la clavícula. A la familia no se le permitió tener en la autopsia a un médico de su confianza. Los forenses del régimen franquista, médicos, funcionarios, que habían realizado el juramento hipocrático, atribuyeron la herida a un clavo contra el que habría impactado Ruano en su caída al patio interior. No era ninguna broma macabra. Era conjetura, tesis, informe oficial. 

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El cazador de rojos PDF Imprimir E-Mail
Escrito por Luis Gomez   
domingo, 28 de septiembre de 2008

(Publicado en El Pais, el 28 de Septiembre de 2008)

unica_imagen_conoce_agente_urraca.jpg

No fue un simple policía de la represión franquista. El agente Pedro Urraca Rendueles convirtió en una pesadilla el exilio de destacados dirigentes republicanos huidos a Francia después de la Guerra Civil. Con ayuda de la Gestapo, los hostigó, persiguió y terminó apresando. No se detuvo hasta detener al presidente de la Generalitat, Lluís Companys, y conducirlo a España para que fuera ejecutado tras un sumario consejo de guerra. La pista del agente Urraca se pierde a su regreso a España. Su historial posterior es un misterio que tardará al menos 13 años más en resolverse. Su hoja de servicios será inaccesible hasta el año 2021.

Su identidad tardó en ser conocida por aquellos historiadores que empezaron a investigar en las alcantarillas del franquismo. Nadie le molestó. Nadie llamó a su puerta. Nadie pudo interrogarle por su actuación en Francia tras la Guerra Civil. Un historiador llegó a localizar un teléfono a su nombre en una guía telefónica de Madrid en los años noventa, pero no llegó a marcar ese número. Ni siquiera en el archivo del Ministerio del Interior consta la fecha de su presunto fallecimiento (de seguir vivo tendría 104 años), un dato que no es anecdótico: la ley impide acceder a su historial hasta pasados 25 años de su muerte.

El historial policial de Urraca es todavía secreto. ¿Tiene algún sentido que la actuación de este personaje y de los policías a los que dirigió esté vetada al escrutinio de los historiadores? Es un ejemplo más de la memoria imperfecta de España. Este periódico intentó el acceso a su ficha personal, pero en aplicación de la ley, su expediente no será accesible hasta octubre de 2021, dado que el último documento (un reconocimiento de trienios) data de 1971 y han de pasar 50 años o 25 desde su muerte. Se jubiló en 1969. No consta fecha de su fallecimiento. Los datos más elocuentes sobre sus actividades están en los archivos franceses, entre ellos su condena a muerte en 1948 por el Gobierno democrático acusado de colaboración con los nazis y persecución de exiliados españoles. Urraca pudo sortear esa condena. Desde los años cincuenta ha sido un funcionario especialmente escurridizo.

 

 

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Palabras en recuerdo de Eva Forest PDF Imprimir E-Mail
Escrito por Murcia Republicana   
martes, 24 de junio de 2008
Modificado el ( martes, 24 de junio de 2008 )
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Voz libre durante el franquismo PDF Imprimir E-Mail
Escrito por Beatriz Labrador   
miércoles, 26 de marzo de 2008

(Publicado en diario Publico, el 25 de Marzo de 2008)

Empecemos por el final: “Si nuestra labor ha servido en algo para la reconquista de la democracia, damos por bien empleado el esfuerzo”. Así, con irreprimible tristeza y voz engolada, se despidió de sus oyentes Ramón Mendezona, alias Pedro Aldami1206472964897redacciondn.jpgz, el último director de Radio España Independiente, popularmente conocida como La Pirenaica. Era el 14 de julio de 1977. De un plumazo se dejaban atrás 35 años de emisiones clandestinas esquivando la censura impuesta por el franquismo a los medios de comunicación.

Seguir con las transmisiones ya no tenía sentido a juicio de sus fundadores –la cúpula del Partido Comunista– porque se abría un nuevo horizonte para el país: ese día se celebraba la sesión inaugural de las Cortes que elaborarían la Constitución de 1978.

La Pirenaica, una de las pocas ventanas por la que los españoles podían asomarse al exterior durante la dictadura, fue la vía que permitió a muchos enterarse de todo aquello que el régimen callaba. Hacer frente a la propaganda franquista fue siempre su objetivo.

 

Modificado el ( miércoles, 26 de marzo de 2008 )
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