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Los republicanos frente a la Constitución |
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Escrito por Carlos Hermida
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lunes, 15 de diciembre de 2008 |
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Al igual que ocurre con los productos de mala
calidad, que necesitan cantidades ingentes de publicidad y propaganda
para engañar al público y convencerle de sus supuestos beneficios y
bondades, las reiteradas afirmaciones de los políticos y los medios de
comunicación sobre las excelencias de la Constitución de 1978 intentan,
empleando una expresión coloquial, darnos “gato por liebre”. Cuando se
afirma que es la Constitución más democrática de la historia de España,
lo que se quiere encubrir son sus elementos antidemocráticos; cuando se
defiende que es la Constitución con mayor legitimidad por haberse
redactado mediante una fórmula de consenso, se trata de ocultar su
ilegitimidad de origen; y cuando se asegura que dentro de esa
Constitución caben todas las opciones políticas no violentas,
sencillamente se está mintiendo.
En primer lugar,
esta Constitución presenta aspectos escandalosamente antidemocráticos.
El artículo 8, punto 1, afirma que “Las Fuerzas Armadas, constituidas
por el Ejército de Tierra, la Armada y el Ejército del Aire, tienen
como misión garantizar la soberanía e independencia de España, defender
su integridad territorial y el ordenamiento constitucional”. Esto es,
simplemente, una aberración jurídica, porque se encomienda a una
institución que pagamos todos los ciudadanos unas atribuciones que
exclusivamente corresponden al pueblo español. Si los ciudadanos, en
ejercicio de la soberanía que nos atribuye el artículo 1, punto 2,
quisiéramos cambiar el orden constitucional o, sencillamente, alterar
la configuración territorial del país, nos encontraríamos en la
imposibilidad jurídica de hacerlo. Es más, el Ejército podría
intervenir para impedirlo. ¿Y a esto le llaman democracia?
Pero no es el único déficit democrático. El artículo
16, punto 3, establece que “ninguna confesión tendrá carácter estatal.
Los poderes públicos tendrán en cuenta las creencias religiosas de la
sociedad española y mantendrán las consiguientes relaciones de
cooperación con la Iglesia Católica y las demás confesiones”. Esta
declaración de no confesionalidad quedó inmediatamente desvirtuada
gracias a la peculiar redacción del artículo. Así, las relaciones de
cooperación con la Iglesia se concretaron en la firma en 1979 de unos
acuerdos entre la Iglesia y el Estado que han convertido a aquélla en
una institución al margen de la Constitución. Además de la financiación
a cargo del Estado, la Iglesia tiene privilegios inadmisibles, como
contratar y despedir a los profesores de religión, mientras la
Administración se hace cargo de sus salarios. La inclusión de la
asignatura de religión en la enseñanza primaria y secundaria, aunque
tenga carácter voluntario, el ritual católico en los denominados
funerales de Estado y la presencia de símbolos religiosos en la toma de
posesión de los ministros, por citar algunos ejemplos, convierten al
Estado español en prácticamente confesional.
Los
españoles, según consta en el artículo 14, son iguales ante la ley, sin
que pueda prevalecer discriminación alguna de nacimiento raza, sexo,
religión, opinión o cualquier otra condición o circunstancia personal o
social. Sin embargo, el artículo 56, punto 3, declara que la persona
del Rey es inviolable y no está sujeta a responsabilidad. ¿No hay una
contradicción flagrante entre ambos artículos? ¿Acaso el rey no es
español? Y si lo es, ¿cómo es posible que no le alcance el contenido de
la Constitución? Las atribuciones concedidas al monarca, como la
jefatura de las Fuerzas Armadas y la sanción de las leyes, le
convierten, debido a su inmunidad penal, en fuente potencial de
actividades anticonstitucionales que quedarían impunes.
Consideramos
también escasamente democráticos la moción de censura y los mecanismos
de reforma constitucional , y en cuanto a la afirmación que asegura que
es la Constitución más democrática de la historia de España,
constituye un ejercicio de cinismo o de inmensa ignorancia. En la larga
historia del constitucionalismo español, que se inicia con el Estatuto
de Bayona, la Constitución republicana de 1931 ha sido indudablemente
la de más hondo contenido democrático. Recordemos, a título de ejemplo,
que el texto republicano legalizó el divorcio, concedió el voto a las
mujeres, separó la Iglesia y el Estado y estableció la posibilidad de
nacionalizar y socializar la propiedad.
En
segundo lugar, los republicanos rechazamos que sea ésta una
Constitución caracterizada por la legitimidad. Mas aún, consideramos
que hay una ilegitimidad originaria. Y lo hacemos con un argumento
decisivo: la Constitución establece en España la monarquía impuesta por
Franco, sin que haya mediado un referéndum en el que el pueblo español
pudiese decidir sobre la forma política del Estado. La Transición, con
su política de consensos, pactos y traiciones, escamoteó a los
ciudadanos la posibilidad de elegir entre monarquía o república. ¿Puede
considerarse legítima una monarquía que es el resultado de la decisión
personal de un dictador fascista? ¿Puede considerarse legítima una
monarquía que emana de un régimen ilegal e ilegítimo en todas sus
actuaciones? ¿Es acreedora de legitimidad una Constitución que acepta
una institución emanada directamente del franquismo?
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Modificado el ( lunes, 15 de diciembre de 2008 )
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X Aniversario de la fundación de la Plataforma de Ciudadanos por la República |
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Escrito por Julio M Fernandez
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lunes, 15 de diciembre de 2008 |
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Celebramos el X Aniversario de la constitución de nuestra Plataforma
Ciudadana. Su constitución fue posible gracias al entusiasmo y
tenacidad de muchas personas, que de todas partes acudieron a la
llamada republicana, ante la indiferencia, cuando no hostilidad, de
algunos grupos, partidos, imbuidos de un oportunismo consciente en unos
e inconsciente en otros, pero que juntos pusieron todo tipo de trabas.
De nada les valió y la Plataforma salió adelante.
No ha sido
fácil esta andadura. Hubo que combatir incomprensiones rastreras,
maniobras y larvados ataques. Podría resultar hasta cómico ver cómo los
mismos que anteriormente intentaban prohibir la gloriosa tricolor en
las manifestaciones, (bandera que hubo veces que tuvimos que defender a
puñetazos), siguiendo la canallesca actitud de Santiago Carrillo que
renunció a la República y colgó en su sede la bandera monárquica,
algunas de esas mismas personas, decimos, que aún colean, de repente
recuperaron la memoria y vuelven a ser republicanos. Alguno de ellos
intentó un golpe de Estado para hacerse con la dirección de la
Plataforma. Al no conseguirlo, esos campeones de la unidad, escindieron
nuestra organización y crearon su chiringuito republicano.
El
Manifiesto que con ocasión de la constitución de la Plataforma fue
ampliamente difundido, sigue en buena parte de actualidad. Veamos el
siguiente párrafo que, pese a los indudables cambios intervenidos,
parece escrito hoy: «[…] métodos caciquiles y aberrantes y la
subrepresentación popular, explican que haya podido inaugurarse un
proceso de involución política y social, de vuelta atrás solapada y
anestesiada a un neo-franquismo: recorte de derechos sociales en
Educación y Sanidad, privatización hipócrita de las mismas por sus
deficiencias y la merma de prestaciones, recortes de la protección de
los parados, despido abaratado y rápido, privatizaciones y la actitud
beligerante del Gobierno de Aznar y de la patronal contra la reducción
de la jornada de trabajo…» Hoy, con la crisis financiera desatada
por la política neoliberal y de globalización, que golpea crudamente en
España donde es la clase trabajadora y los sectores populares los que
sufren crueles golpes, la situación exige respuestas contundentes.
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Modificado el ( lunes, 15 de diciembre de 2008 )
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La ultima palabra de Juan Negrin |
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Escrito por Murcia Republicana
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martes, 18 de noviembre de 2008 |
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(Publicado en El Pais, el 16 de Noviembre de 2008)
Accede a la galeria de Negrin pinchando aqui
Hace 52 años murió en París un hombre tan deprimido que pidió que en su
lápida no escribieran su nombre. Se llamaba Juan Negrín López y había
sido el último jefe de Gobierno de la II República española. Sólo su
hijo Rómulo y dos amigos íntimos asistieron al entierro. Nadie más
acudió porque aquel hombre derrotado que quiso pasar eternamente
desapercibido también había dado instrucciones a su familia para que
esperara 48 horas antes de comunicar su fallecimiento. En su casa, el
dirigente republicano más controvertido había dejado a medias unas
memorias iniciadas muchos años atrás, y decenas de documentos que
desmontaban muchas de las leyendas negras que vencedores y vencidos
habían vertido sobre él y que provocaron su expulsión del partido
socialista. Su nieta, Carmen Negrín, ha enseñado a EL PAÍS ese archivo
con dos condiciones: que no se revele la ciudad donde está -"Por
razones de seguridad. Podrían venir a robarlo, o a quemarlo, quién
sabe"- y que la referencia sea Archivo J. N. L. "Sólo J. N. L.",
insistió. Son las tres únicas letras que se leen en la lápida de Juan
Negrín López.
En el sótano de una casa de varios pisos, bajando unas escaleras y
al final de unas galerías abovedadas que recuerdan a los refugios de
guerra de las películas, cerrado con llave, está el Archivo J. N. L.
Hay múltiples paquetes de documentos. Uno atado con un lazo de los
colores de la República en el que se lee "Reservado". Otros muchos
envueltos en papel de periódico de 1939. Dentro, documentación oficial,
correspondencia personal, textos y fotografías que Juan Negrín (Las
Palmas, 1892-París, 1956) quiso conservar durante toda su vida. Y
cientos de libros: en idiomas muy diferentes -"El abuelo hablaba diez",
presume Carmen Negrín. "Cuando murió, en 1956, estaba aprendiendo chino
y árabe porque decía que eran los idiomas del porvenir", añade-. Los
libros no son novelas. Hay decenas de tomos sobre Política exterior en la prensa franquista,
espionaje y manuales para traducir mensajes cifrados -"De pequeños, a
mi hermano y a mí nos fascinaban las historias de tinta invisible que
nos contaba"-.
Y entre todo eso, documentos que prueban que el
envío del oro de la República a Moscú no fue un capricho de Negrín para
complacer a los rusos, como le acusó un sector del partido socialista,
sino una decisión del Consejo de Ministros del 6 de octubre de 1936. O
que aquel esfuerzo titánico, nunca comprendido por su ministro de
Defensa, Indalecio Prieto, de resistir hasta el final de la guerra,
obedecía a la información que le transmitían desde Alemania antiguos
compañeros de estudios sobre la inminencia de una Segunda Guerra
Mundial y su convencimiento de que, en esa lucha de las democracias
contra el fascismo, las potencias que no habían querido ayudarle a
luchar contra Franco, convertidas en aliadas, les harían vencedores.
Su
nieta, Carmen Negrín, se jubiló prematuramente sólo para entrar en ese
archivo, empezar a leer y descubrir al hombre de Estado que había sido
"el abuelo" -"De pequeña, oía que la gente que venía a casa le decía
'señor presidente', y yo pensaba, ¿presidente de qué?"-. Está decidida
a rehabilitar la figura de su abuelo -"Era una persona tan diferente de
lo que se ha dicho de él..."- , y concluir la tarea que dejó a medias;
recordar, sin elipsis malintencionadas, cada paso que dio como último
jefe de Gobierno de la República, y publicar, sin interferencias, de su
puño y letra, las memorias en las que Juan Negrín explica los motivos
que le llevaron a tomar unas decisiones y descartar otras.
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Modificado el ( martes, 18 de noviembre de 2008 )
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Escrito por Pedro A Garcia Bilbao
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domingo, 16 de noviembre de 2008 |
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Es increíble lo de Bono. La buena señora homenajeada por las Cortes disponiendo una placa en su memoria, no fue mártir precisamente. Falleció en 1974 después de una vida entera dedicada a sus labores como priora y fundadora de conventos carmelitas.
La supuesta persecución de la que fue objeto se basa en que vivió en España desde 1931, dedicada a la oración para pedir a Dios que librase a España de la República, en que pidió permiso a su obispo para dado el caso salir de su convento e interponerse entre la horda roja y la imagen del Cristo de los Ángeles, si acaso fueran a destruirlo, y en que vivió en Madrid durante 14 meses antes de salir de España y cruzar a la zona fascista.
Su deseo de obtener la palma del martirio no fue satisfecho, pues cuando la horda se presentó finalmente en el Cerro de los Ángeles en vez de asesinar a las monjas del monasterio local, lo que hicieron fue evacuarlas a un convento en Madrid y posteriormente a una casa en la calle Claudio Coello, donde sufrió «privaciones» (en una ciudad asediada por la guerra), temor por el contacto con la horda que las vigilaba y ¡¡hasta hizo varios registros en la casa!! hasta que a finales de 1937, junto a sus compañeras deja Madrid, pasa a Cataluña y cruza a Francia, aunque en esta última parte no queda muy claro si lo hace con ayuda de la Quinta Columna, o en un expedición organizada por las autoridades republicanas.
Es decir, que la horda le negó la palma del martirio, pese a tenerla localizada perfectamente, un ejemplo de la innata crueldad de esas bestias sedientas de sangre. A recordar que el Cerro de los Ángeles fue frente de combate y la evacuación les salvó la vida con toda seguridad.
Esta es la terrible historia de persecución y horror que hay detrás de la homenajeada en las Cortes. No voy a establecer comparaciones con otros casos.
Lo repito: increíble lo de Bono. Asusta pensar que Zapatero venció a Bono por cuatro votos ¡y que la tercera candidata era Rosa Díez!! Va a resultar que Díos, en su infinita misericordia es de los nuestros.
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Modificado el ( domingo, 16 de noviembre de 2008 )
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"En España viven muchos franquistas" |
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Escrito por Murcia Republicana
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miércoles, 12 de noviembre de 2008 |
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(Publicado en Publico, el 11 de Noviembre de 2008)
El historiador Gabriel Jackson tiene 87 años y vive solo en un piso
sencillo en el barrio barcelonés de Sant Gervasi. Tiene libros por
todas partes y hasta el balcón de la vivienda está acristalado para
ganar espacio. Prudente y educado, habla muy despacio. Viste ropa
cómoda y calza unas sandalias con calcetines blancos. Aunque la fatiga
ocular le impide leer tanto como desearía, en una mesa del salón tiene
una caja de cartón donde guarda los recortes de prensa que le
interesan. Escucha la sinfonía número dos de Bernstein a todo volumen:
“Soy duro de oído”, afirma Jackson sin ruborizarse, quien tocó la
flauta travesera por última vez en público el día que cumplió 80 años.
Acaba de publicar Juan Negrín, médico, socialista y jefe del Gobierno
de la II República (Editorial Crítica). La consigna de Negrín era
“resistir es vencer”. El dirigente republicano la llevó hasta el límite
y, ahora, el autor dedica este libro a todos los lectores que valoran
la verdad, incluso cuando hiere sus sentimientos políticos y morales.
¿Puede este libro herir muchos sentimientos?
Hasta
la muerte de Franco hubo una censura completa. Desde ahí hasta hace muy
poco tiempo, en España reinaba un pacto de silencio. El caso es, en
cierto sentido, único. La opresión ha durado 70 años, mucho más tiempo
que los regímenes dictatoriales en América Latina o el nazismo. Es
increíble, Franco siempre dijo que estaba dispuesto a matar a todos los
que fuese necesario para limpiar el espíritu de España. Aquí hay un
sufrimiento y unos silencios forzados que no existen ni en la antigua
URSS ni en China. Creo que es una situación única.
En el libro sitúa a Juan Negrín a un nivel de gran estadista europeo. ¿Lo fue?
Creo
que los gobernadores de Inglaterra y Francia no habían entendido la
amenaza nazi de la manera que la entendió Negrín, que trató de
convencerles de lo que se avecinaba. Si le hubieran hecho caso, se
podría haber evitado la Segunda Guerra Mundial.
Sin embargo, su figura ha sido silenciada, incluso después de la Transición.
Sí,
a causa de muchos resentimientos dentro del Partido Socialista. Negrín
insistió en que las democracias tenían que defenderse de Mussolini.
Creía que había bastante material y dinero para resistir hasta dos años
más. En cambio, Caballero, Prieto, Azaña y Giralt no tenían esperanza.
Pensaban que era de locos continuar la resistencia. Cuando empezó la
Transición, el Partido Socialista, para no remover los fantasmas de la
Guerra Civil, no quiso hablar ni de la República ni de la guerra. Los
socialistas, simplemente, querían crear la nueva democracia. Aceptaron
la monarquía parlamentaria como la única forma de gobierno plausible,
también para los franquistas.
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Modificado el ( miércoles, 12 de noviembre de 2008 )
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La descomposicion de la Universidad |
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Escrito por Jose Luis Pardo
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martes, 11 de noviembre de 2008 |
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(Publicado en El Pais, el 10 de Noviembre de 2008)
Como sucede a menudo en política, la manera más segura de acallar toda
resistencia contra un proceso regresivo y empobrecedor es exhibirlo ante la
opinión pública de acuerdo con la demagógica estrategia que consiste en decirle
a la gente, a propósito de tal proceso, exclusivamente lo que le agradará
escuchar. Así, en el caso que nos ocupa, las autoridades encargadas de gestionar
la reforma de las universidades que se está culminando en nuestro país -sea cual
sea su lugar en el espectro político parlamentario- han presentado
sistemáticamente este asunto como una saludable evolución al final de la cual se
habrá conseguido que la práctica totalidad de los titulados superiores
encuentren un empleo cualificado al acabar sus estudios, que los estudiantes
puedan moverse libremente de una universidad europea a otra y que los diplomas
expedidos por estas instituciones tengan la misma validez en todo el territorio
de la Unión.
Una vez establecido propagandísticamente que el llamado "proceso de Bolonia"
consiste en esto y solamente en esto, nada resulta más sencillo que estigmatizar
a quienes tenemos reservas críticas contra ese proceso como una caterva de locos
irresponsables que, ya sea por defender anacrónicos privilegios corporativistas
o por pertenecer a las huestes antisistema del Doctor Maligno, quieren
que siga aumentando el paro entre los licenciados y rechazan la homologación de
títulos y las becas en el extranjero por pura perfidia burocrática. Vaya, pues,
por adelantado que el autor de estas líneas también encuentra deseables esos
objetivos así proclamados, y que si se tratase de ellos nada tendría que oponer
a la presente transformación de los estudios superiores.
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Modificado el ( martes, 11 de noviembre de 2008 )
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En la historia universal de la infamia |
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Escrito por Salvador Lopez Arnal
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jueves, 23 de octubre de 2008 |
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Para el admirable luchador, maestro y camarada Marcelino Camacho, que conoció los muros de la cárcel.
Muy brevemente.
Lo
recordaba Juan Antonio Ramírez. Presos republicanos construyeron el
denominado “Valle de los Caídos” y la cárcel de presos políticos de
Carabanchel. El compañero de la hermana de mi madre, militante de la
FAI y de la CNT, fue uno de ellos. Le esclavizaron para la ocasión.
El día 21 de octubre, de madrugada, con la nocturnidad y alevosía que
la ocasión exige, dos excavadoras abrieron dos enormes boquetes en lo
muros de la parte posterior del recinto de Carabanchel. Diez horas más
tarde, las máquinas seguían recogiendo las piedras y chatarra de lo que
fue el edificio de mujeres.
Ese mismo día, mientras las
máquinas hacían su trabajo, en la comisión de Interior del Congreso
Diputados, IU, a pesar de contar con el apoyo del grupo mixto, de CiU y
el PNV, no consiguió que fuera aprobada una proposición no de ley en la
que se instaba al Gobierno (¿socialista?) a salvar el derribo de la
prisión para instalar allí un Centro para la Memoria Histórica y la
Paz. PP y PSOE unieron sus votos, una vez más, para rechazarla.
Llamazares fue replicado por Juan Barranco, el antiguo alcalde Madrid,
quien aseguró, con la voz tronante que la ocasión requería, que no se
había iniciado ningún proceso de demolición. Recordemos a Carroll y su Alicia a través del espejo: “yo mando y las palabras significan lo yo quiero, ni más ni menos”.
Al día de hoy, incomprensiblemente en mi opinión, y ante tamaño
atropello, la izquierda sigue acudiendo a las instituciones, los
sindicatos no convocan jornadas y acciones de repulsa, la ciudadanía no
clama en las calles por una mínima decencia histórica. ¿Qué debemos
esperar para gritar con Raimon que nosotros no somos de ese mundo?
Si alguien tenía dudas, si alguien vacilaba al reflexionar lo sucedido
en la transición, aquí tiene otro ejemplo: la derrota cultural y
política de la izquierda -en circunstancias, admitámoslo, nada fáciles,
cuando el pulso temblaba al tomar decisiones y el fascismo campaba a
sus anchas por las calles del Reino- es de libro, abisal e histórica a
un tiempo. Los inteligentes planteamientos de la derecha política
neofranquista, fáciles por otra parte en posición dada su fuerza
aplastante pero sin duda contestada socialmente, es de obligado
reconocimiento; las posiciones de la izquierda quizás no lo fueran
tanto y la persecución (y acusación de demencia política izquierdista)
de las voces y organizaciones críticas a los pactos (in)transitivos y a
posteriores acuerdos monclovitas, miradas ahora, pensadas con sosiego,
resultan injustas e inadmisibles, totalmente inadmisibles. La
transición, la modélica transición política española, significó,
admitámoslo, la entronización de los borbones, la conquista si duda de
algunas libertades y la irrupción sin apenas réplica de un capitalismo
salvaje y sin alma que privilegió aún más a los ya privilegiados. La
lucha de clases toma esas formas y, como reconoció el mismísimo
embajador usamericano en el Chile de Pinochet, es absurdo, literalmente
absurdo, pedir a una clase dominante que se suicide pacíficamente. Los
seres suelen persistir en su existencia.
Pasemos página si se
quiere, no hurguemos en viejas heridas de la izquierda, no volvamos una
y mil veces sobre lo que hicimos y podíamos haber hecho, pero aceptemos
también que la historia no puede clausurarse y que nadie ha dicho que
los pactos, con pistola cargada en la sien, de una generación obliguen
a otras generaciones.
Los cincuenta inmigrantes rumanos que
vivían en el recinto desde hacía dos años recogieron sus pertenencias
esta última semana. Debían el cumplir el plazo de 24 horas dado por la
policía franquista…, perdón, la policía nacional para que abandonaran
el lugar. La infamia se acumula, la impiedad campa por doquier. La
consistencia del atropello es ejemplo recomendable para clases de
introducción a la lógica formal.
Unos vecinos del barrio se
opusieron al atropello, jóvenes y maduras voces claman en diarios y en
páginas de la red llenas de indignación. La esperanza sigue siendo un
asunto poliético lleno de sentido.
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Modificado el ( jueves, 23 de octubre de 2008 )
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El fin o la continuación del neoliberalismo |
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Escrito por Vicenç Navarro
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jueves, 23 de octubre de 2008 |
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La creciente intervención de los estados en la resolución de la
crisis financiera (que ha incluido, en varios países como EE.UU., una
parcial nacionalización de centros bancarios), ha sido interpretada
como el fin de la época neoliberal iniciada en EE.UU. por el Presidente
Reagan (y por la Sra. Thatcher en Gran Bretaña), hace treinta años. En
esta lectura de la realidad se asume que el neoliberalismo se
caracterizó por la reducción del papel del estado en las esferas
financieras y económicas, reducción que terminó ahora con las medidas
claramente intervencionistas del estado en la resolución de la recesión
(y posiblemente depresión) que existe a nivel mundial.
Esta
supuesta reducción del estado durante la época neoliberal (1980-2008),
sin embargo, no ocurrió en realidad. En EE.UU., país considerado como
la máxima expresión del neoliberalismo, las intervenciones estatales
crecieron durante aquella época liberal 1980-2008. El gasto público,
por ejemplo, se incrementó notablemente en EE.UU., pasando de
representar el 34% del PIB en 1980 al 38% en 2007. El gasto público per
capita también subió de 4.148 US $ en 1980 a 18.750 en 2007. Y los
impuestos subieron de un 35% en 1980 a un 39% en 2007. En realidad el
Presidente Reagan fue el Presidente de EE.UU. que subió más los
impuestos en tiempo de paz en toda la historia de aquel país. Los
recortó muy notablemente para el 20% de renta superior de las familias,
pero los incrementó para todo lo demás. En resumidas cuentas, no hubo
una disminución del papel del estado en la sociedad estadounidense sino
un cambio muy significativo de sus prioridades como lo demuestran los
cambios que han tenido lugar en el presupuesto federal durante el
periodo neoliberal. Así, mientras al principio de tal periodo, en 1980,
el gasto federal que iba destinado a personas (a través de
transferencias y servicios públicos a personas) representaba el 38% de
todo el gasto, el gasto militar representaba el 41% de todo el gasto y
el gasto de apoyo a las empresas (incluido las financieras)
representaba el 21% del total, a finales de tal periodo en 2007 el
gasto a las personas había descendido al 32% mientras que el gasto
militar había subido al 45% y a las empresas el 23%. Este último
porcentaje ha subido de una manera espectacular a raíz de la compra de
activos y apoyos a la banca por parte del gobierno federal.
Es tos datos muestran como el discurso liberal (supuestamente
antiestado) sólo aplica a cierto tipo de intervenciones: aquellas
relacionadas con el bienestar de las personas, primordialmente de las
clases populares. No así a la mayoría del gasto e intervenciones
públicas. Hay pues que señalar que durante el periodo liberal hubo un
desfase entre el discurso retórico neoliberal y la realidad. Como bien
dijo John Williamson, el intelectual más influyente dentro del consenso
neoliberal de Washington “Tenemos que darnos cuenta de que lo que
el gobierno federal de EE.UU. predica en el extranjero y lo que hace en
casa no son lo mismo” .
Estas observaciones son relevantes
pues lo que estamos viendo estos días no es un cambio sino una
expansión de lo que ha ido ocurriendo durante aquel periodo. El
establecimiento de la nueva autoridad del gobierno federal (que gastará
más de 700.000 millones de dólares, además de los que ya ha gastado,
representando en total un 17% del PIB estadounidense) está dirigido por
el mismo equipo y las mismas personas que dirigieron la banca Goldman
Sachs y otros centros financieros de Wall Street. Como dijo el Senador
Sanders (el único senador que pertenece a la Internacional Socialista
en el Congreso de EE.UU.) la creación y modus operandi de tal agencia
es “la instrumentalización más abusiva del estado por parte de la banca en la historia de EE.UU.”
El gobierno federal compra las hipotecas basura de la banca y otras
acciones, a la vez que renuncia al voto que tal compra le permitiría en
la toma de decisiones de la banca intervenida. Lo que estamos viendo no
es pues el fin, sino la continuación del neoliberalismo. Es más. La
banca y el mundo empresarial quieren aprovechar esta crisis para
continuar resolverla a través de medidas neoliberales tales como la
reducción de salarios, el aumento de la precariedad, la reducción del
gasto a las personas, la privatización de la seguridad social (sí, sí,
lo ha leído bien, la privatización de la seguridad social), el
aseguramiento privado de la sanidad y otros servicios del estado del
bienestar. Hemos visto, incluso en España, como portavoces del mundo
empresarial y financiero han pedido inmediatamente una expansión de
muchas de tales políticas públicas como manera de resolver la crisis
financiera actual. Si ello ocurriera, sería ya la victoria final del
neoliberalismo.
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Modificado el ( jueves, 23 de octubre de 2008 )
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