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Los republicanos frente a la Constitución PDF Imprimir E-Mail
Escrito por Carlos Hermida   
lunes, 15 de diciembre de 2008

76302_cartel_republica.jpgAl igual que ocurre con los productos de mala calidad, que necesitan cantidades ingentes de publicidad y propaganda para engañar al público y convencerle de sus supuestos beneficios y bondades, las reiteradas afirmaciones de los políticos y los medios de comunicación sobre las excelencias de la Constitución de 1978 intentan, empleando una expresión coloquial, darnos “gato por liebre”. Cuando se afirma que es la Constitución más democrática de la historia de España, lo que se quiere encubrir son sus elementos antidemocráticos; cuando se defiende que es la Constitución con mayor legitimidad por haberse redactado mediante una fórmula de consenso, se trata de ocultar su ilegitimidad de origen; y cuando se asegura que dentro de esa Constitución caben todas las opciones políticas no violentas, sencillamente se está mintiendo.

En primer lugar, esta Constitución presenta aspectos escandalosamente antidemocráticos. El artículo 8, punto 1, afirma que “Las Fuerzas Armadas, constituidas por el Ejército de Tierra, la Armada y el Ejército del Aire, tienen como misión garantizar la soberanía e independencia de España, defender su integridad territorial y el ordenamiento constitucional”. Esto es, simplemente, una aberración jurídica, porque se encomienda a una institución que pagamos todos los ciudadanos unas atribuciones que exclusivamente corresponden al pueblo español. Si los ciudadanos, en ejercicio de la soberanía que nos atribuye el artículo 1, punto 2, quisiéramos cambiar el orden constitucional o, sencillamente, alterar la configuración territorial del país, nos encontraríamos en la imposibilidad jurídica de hacerlo. Es más, el Ejército podría intervenir para impedirlo. ¿Y a esto le llaman democracia?

Pero no es el único déficit democrático. El artículo 16, punto 3, establece que “ninguna confesión tendrá carácter estatal. Los poderes públicos tendrán en cuenta las creencias religiosas de la sociedad española y mantendrán las consiguientes relaciones de cooperación con la Iglesia Católica y las demás confesiones”. Esta declaración de no confesionalidad quedó inmediatamente desvirtuada gracias a la peculiar redacción del artículo. Así, las relaciones de cooperación con la Iglesia se concretaron en la firma en 1979 de unos acuerdos entre la Iglesia y el Estado que han convertido a aquélla en una institución al margen de la Constitución. Además de la financiación a cargo del Estado, la Iglesia tiene privilegios inadmisibles, como contratar y despedir a los profesores de religión, mientras la Administración se hace cargo de sus salarios. La inclusión de la asignatura de religión en la enseñanza primaria y secundaria, aunque tenga carácter voluntario, el ritual católico en los denominados funerales de Estado y la presencia de símbolos religiosos en la toma de posesión de los ministros, por citar algunos ejemplos, convierten al Estado español en prácticamente confesional.

Los españoles, según consta en el artículo 14, son iguales ante la ley, sin que pueda prevalecer discriminación alguna de nacimiento raza, sexo, religión, opinión o cualquier otra condición o circunstancia personal o social. Sin embargo, el artículo 56, punto 3, declara que la persona del Rey es inviolable y no está sujeta a responsabilidad. ¿No hay una contradicción flagrante entre ambos artículos? ¿Acaso el rey no es español? Y si lo es, ¿cómo es posible que no le alcance el contenido de la Constitución? Las atribuciones concedidas al monarca, como la jefatura de las Fuerzas Armadas y la sanción de las leyes, le convierten, debido a su inmunidad penal, en fuente potencial de actividades anticonstitucionales que quedarían impunes.

Consideramos también escasamente democráticos la moción de censura y los mecanismos de reforma constitucional , y en cuanto a la afirmación que asegura que es la  Constitución más democrática de la historia de España, constituye un ejercicio de cinismo o de inmensa ignorancia. En la larga historia del constitucionalismo español, que se inicia con el Estatuto de Bayona, la Constitución republicana de 1931 ha sido indudablemente la de más hondo contenido democrático. Recordemos, a título de ejemplo, que el texto republicano legalizó el divorcio, concedió el voto a las mujeres, separó la Iglesia y el Estado y estableció la posibilidad de nacionalizar y socializar la propiedad.

En segundo lugar, los republicanos rechazamos que sea ésta una Constitución caracterizada por la legitimidad. Mas aún, consideramos que hay una ilegitimidad originaria. Y lo hacemos con un argumento decisivo: la Constitución establece en España la monarquía impuesta por Franco, sin que haya mediado un referéndum en el que el pueblo español pudiese decidir sobre la forma política del Estado. La Transición, con su política de consensos, pactos y traiciones, escamoteó a los ciudadanos la posibilidad de elegir entre monarquía o república. ¿Puede considerarse legítima una monarquía que es el resultado de la decisión personal de un dictador fascista? ¿Puede considerarse legítima una monarquía que emana de un régimen ilegal e ilegítimo en todas sus actuaciones? ¿Es acreedora de legitimidad una Constitución que acepta una institución emanada directamente del franquismo?

Modificado el ( lunes, 15 de diciembre de 2008 )
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X Aniversario de la fundación de la Plataforma de Ciudadanos por la República PDF Imprimir E-Mail
Escrito por Julio M Fernandez   
lunes, 15 de diciembre de 2008

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Celebramos el X Aniversario de la constitución de nuestra Plataforma Ciudadana. Su constitución fue posible gracias al entusiasmo y tenacidad de muchas personas, que de todas partes acudieron a la llamada republicana, ante la indiferencia, cuando no hostilidad, de algunos grupos, partidos, imbuidos de un oportunismo consciente en unos e inconsciente en otros, pero que juntos pusieron todo tipo de trabas. De nada les valió y la Plataforma salió adelante.

No ha sido fácil esta andadura. Hubo que combatir incomprensiones rastreras, maniobras y larvados ataques. Podría resultar hasta cómico ver cómo los mismos que anteriormente intentaban prohibir la gloriosa tricolor en las manifestaciones, (bandera que hubo veces que tuvimos que defender a puñetazos), siguiendo la canallesca actitud de Santiago Carrillo que renunció a la República y colgó en su sede la bandera monárquica, algunas de esas mismas personas, decimos, que aún colean, de repente recuperaron la memoria y vuelven a ser republicanos. Alguno de ellos intentó un golpe de Estado  para hacerse con la dirección de la Plataforma. Al no conseguirlo, esos campeones de la unidad, escindieron nuestra organización y crearon su chiringuito republicano. 

El Manifiesto que con ocasión de la constitución de la Plataforma fue ampliamente difundido, sigue en buena parte de actualidad. Veamos el siguiente párrafo que, pese a los indudables cambios intervenidos, parece escrito hoy: «[…] métodos caciquiles y aberrantes y la subrepresentación popular, explican que haya podido inaugurarse un proceso de involución política y social, de vuelta atrás solapada y anestesiada a un neo-franquismo: recorte de derechos sociales en Educación y Sanidad, privatización hipócrita de las mismas por sus deficiencias y la merma de prestaciones, recortes de la protección de los parados, despido abaratado y rápido, privatizaciones y la actitud beligerante del Gobierno de Aznar y de la patronal contra la reducción de la jornada de trabajo…» Hoy, con la crisis financiera desatada por la política neoliberal y de globalización, que golpea crudamente en España donde es la clase trabajadora y los sectores populares los que sufren crueles golpes, la situación exige respuestas contundentes.

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La ultima palabra de Juan Negrin PDF Imprimir E-Mail
Escrito por Murcia Republicana   
martes, 18 de noviembre de 2008

ultimo_secreto_negrin.jpg(Publicado en El Pais, el 16 de Noviembre de 2008)

Accede a la galeria de Negrin pinchando aqui

Hace 52 años murió en París un hombre tan deprimido que pidió que en su lápida no escribieran su nombre. Se llamaba Juan Negrín López y había sido el último jefe de Gobierno de la II República española. Sólo su hijo Rómulo y dos amigos íntimos asistieron al entierro. Nadie más acudió porque aquel hombre derrotado que quiso pasar eternamente desapercibido también había dado instrucciones a su familia para que esperara 48 horas antes de comunicar su fallecimiento. En su casa, el dirigente republicano más controvertido había dejado a medias unas memorias iniciadas muchos años atrás, y decenas de documentos que desmontaban muchas de las leyendas negras que vencedores y vencidos habían vertido sobre él y que provocaron su expulsión del partido socialista. Su nieta, Carmen Negrín, ha enseñado a EL PAÍS ese archivo con dos condiciones: que no se revele la ciudad donde está -"Por razones de seguridad. Podrían venir a robarlo, o a quemarlo, quién sabe"- y que la referencia sea Archivo J. N. L. "Sólo J. N. L.", insistió. Son las tres únicas letras que se leen en la lápida de Juan Negrín López.

En el sótano de una casa de varios pisos, bajando unas escaleras y al final de unas galerías abovedadas que recuerdan a los refugios de guerra de las películas, cerrado con llave, está el Archivo J. N. L. Hay múltiples paquetes de documentos. Uno atado con un lazo de los colores de la República en el que se lee "Reservado". Otros muchos envueltos en papel de periódico de 1939. Dentro, documentación oficial, correspondencia personal, textos y fotografías que Juan Negrín (Las Palmas, 1892-París, 1956) quiso conservar durante toda su vida. Y cientos de libros: en idiomas muy diferentes -"El abuelo hablaba diez", presume Carmen Negrín. "Cuando murió, en 1956, estaba aprendiendo chino y árabe porque decía que eran los idiomas del porvenir", añade-. Los libros no son novelas. Hay decenas de tomos sobre Política exterior en la prensa franquista, espionaje y manuales para traducir mensajes cifrados -"De pequeños, a mi hermano y a mí nos fascinaban las historias de tinta invisible que nos contaba"-.

Y entre todo eso, documentos que prueban que el envío del oro de la República a Moscú no fue un capricho de Negrín para complacer a los rusos, como le acusó un sector del partido socialista, sino una decisión del Consejo de Ministros del 6 de octubre de 1936. O que aquel esfuerzo titánico, nunca comprendido por su ministro de Defensa, Indalecio Prieto, de resistir hasta el final de la guerra, obedecía a la información que le transmitían desde Alemania antiguos compañeros de estudios sobre la inminencia de una Segunda Guerra Mundial y su convencimiento de que, en esa lucha de las democracias contra el fascismo, las potencias que no habían querido ayudarle a luchar contra Franco, convertidas en aliadas, les harían vencedores.

Su nieta, Carmen Negrín, se jubiló prematuramente sólo para entrar en ese archivo, empezar a leer y descubrir al hombre de Estado que había sido "el abuelo" -"De pequeña, oía que la gente que venía a casa le decía 'señor presidente', y yo pensaba, ¿presidente de qué?"-. Está decidida a rehabilitar la figura de su abuelo -"Era una persona tan diferente de lo que se ha dicho de él..."- , y concluir la tarea que dejó a medias; recordar, sin elipsis malintencionadas, cada paso que dio como último jefe de Gobierno de la República, y publicar, sin interferencias, de su puño y letra, las memorias en las que Juan Negrín explica los motivos que le llevaron a tomar unas decisiones y descartar otras.

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La monja de Bono PDF Imprimir E-Mail
Escrito por Pedro A Garcia Bilbao   
domingo, 16 de noviembre de 2008

Es increíble lo de Bono. La buena señora homenajeada por las Cortes disponiendo una placa en su memoria, no fue mártir precisamente. Falleció en 1974 después de una vida entera dedicada a sus labores como priora y fundadora de conventos carmelitas.

La supuesta persecución de la que fue objeto se basa en que vivió en España desde 1931, dedicada a la oración para pedir a Dios que librase a España de la República, en que pidió permiso a su obispo para dado el caso salir de su convento e interponerse entre la horda roja y la imagen del Cristo de los Ángeles, si acaso fueran a destruirlo, y en que vivió en Madrid durante 14 meses antes de salir de España y cruzar a la zona fascista.

Su deseo de obtener la palma del martirio no fue satisfecho, pues cuando la horda se presentó finalmente en el Cerro de los Ángeles en vez de asesinar a las monjas del monasterio local, lo que hicieron fue evacuarlas a un convento en Madrid y posteriormente a una casa en la calle Claudio Coello, donde sufrió «privaciones» (en una ciudad asediada por la guerra), temor por  el contacto con la horda que las vigilaba y ¡¡hasta hizo varios registros en la casa!! hasta que a finales de 1937,  junto a sus compañeras deja Madrid, pasa a Cataluña y cruza a Francia, aunque en esta última parte no queda muy claro si lo hace con ayuda de la Quinta Columna, o en un expedición organizada por las autoridades republicanas.

Es decir, que la horda le negó la palma del martirio, pese a tenerla localizada perfectamente, un ejemplo de la innata crueldad de esas bestias sedientas de sangre. A recordar que el Cerro de los Ángeles fue frente de combate y la evacuación les salvó la vida con toda seguridad.

Esta es la terrible historia de persecución y horror que hay detrás de la homenajeada en las Cortes. No voy a establecer comparaciones con otros casos.

Lo repito: increíble lo de Bono. Asusta pensar que Zapatero venció a Bono por cuatro votos  ¡y que la tercera candidata era Rosa Díez!! Va a resultar que Díos, en su infinita misericordia es de los nuestros.

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"En España viven muchos franquistas" PDF Imprimir E-Mail
Escrito por Murcia Republicana   
miércoles, 12 de noviembre de 2008

(Publicado en Publico, el 11 de Noviembre de 2008)

El historiador Gabriel Jackson tiene 87 años y vive solo en un piso sencillo en el barrio barcelonés de Sant Gervasi. Tiene libros por todas partes y hasta el balcón de la vivienda está acristalado para ganar espacio. Prudente y educado, habla muy despacio. Viste ropa cómoda y calza unas sandalias con calcetines blancos. Aunque la fatiga ocular le impide leer tanto como desearía, en una mesa del salón tiene una caja de cartón donde guarda los recortes de prensa que le interesan. Escucha la sinfonía número dos de Bernstein a todo volumen: “Soy duro de oído”, afirma Jackson sin ruborizarse, quien tocó la flauta travesera por última vez en público el día que cumplió 80 años.

Acaba de publicar Juan Negrín, médico, socialista y jefe del Gobierno de la II República (Editorial Crítica). La consigna de Negrín era “resistir es vencer”. El dirigente republicano la llevó hasta el límite y, ahora, el autor dedica este libro a todos los lectores que valoran la verdad, incluso cuando hiere sus sentimientos políticos y morales.

¿Puede este libro herir muchos sentimientos?
Hasta la muerte de Franco hubo una censura completa. Desde ahí hasta hace muy poco tiempo, en España reinaba un pacto de silencio. El caso es, en cierto sentido, único. La opresión ha durado 70 años, mucho más tiempo que los regímenes dictatoriales en América Latina o el nazismo. Es increíble, Franco siempre dijo que estaba dispuesto a matar a todos los que fuese necesario para limpiar el espíritu de España. Aquí hay un sufrimiento y unos silencios forzados que no existen ni en la antigua URSS ni en China. Creo que es una situación única.

En el libro sitúa a Juan Negrín a un nivel de gran estadista europeo. ¿Lo fue?
Creo que los gobernadores de Inglaterra y Francia no habían entendido la amenaza nazi de la manera que la entendió Negrín, que trató de convencerles de lo que se avecinaba. Si le hubieran hecho caso, se podría haber evitado la Segunda Guerra Mundial.

Sin embargo, su figura ha sido silenciada, incluso después de la Transición.
Sí, a causa de muchos resentimientos dentro del Partido Socialista. Negrín insistió en que las democracias tenían que defenderse de Mussolini. Creía que había bastante material y dinero para resistir hasta dos años más. En cambio, Caballero, Prieto, Azaña y Giralt no tenían esperanza. Pensaban que era de locos continuar la resistencia. Cuando empezó la Transición, el Partido Socialista, para no remover los fantasmas de la Guerra Civil, no quiso hablar ni de la República ni de la guerra. Los socialistas, simplemente, querían crear la nueva democracia. Aceptaron la monarquía parlamentaria como la única forma de gobierno plausible, también para los franquistas.

 

 

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La descomposicion de la Universidad PDF Imprimir E-Mail
Escrito por Jose Luis Pardo   
martes, 11 de noviembre de 2008

(Publicado en El Pais, el 10 de Noviembre de 2008)

Como sucede a menudo en política, la manera más segura de acallar toda resistencia contra un proceso regresivo y empobrecedor es exhibirlo ante la opinión pública de acuerdo con la demagógica estrategia que consiste en decirle a la gente, a propósito de tal proceso, exclusivamente lo que le agradará escuchar. Así, en el caso que nos ocupa, las autoridades encargadas de gestionar la reforma de las universidades que se está culminando en nuestro país -sea cual sea su lugar en el espectro político parlamentario- han presentado sistemáticamente este asunto como una saludable evolución al final de la cual se habrá conseguido que la práctica totalidad de los titulados superiores encuentren un empleo cualificado al acabar sus estudios, que los estudiantes puedan moverse libremente de una universidad europea a otra y que los diplomas expedidos por estas instituciones tengan la misma validez en todo el territorio de la Unión.

Una vez establecido propagandísticamente que el llamado "proceso de Bolonia" consiste en esto y solamente en esto, nada resulta más sencillo que estigmatizar a quienes tenemos reservas críticas contra ese proceso como una caterva de locos irresponsables que, ya sea por defender anacrónicos privilegios corporativistas o por pertenecer a las huestes antisistema del Doctor Maligno, quieren que siga aumentando el paro entre los licenciados y rechazan la homologación de títulos y las becas en el extranjero por pura perfidia burocrática. Vaya, pues, por adelantado que el autor de estas líneas también encuentra deseables esos objetivos así proclamados, y que si se tratase de ellos nada tendría que oponer a la presente transformación de los estudios superiores.

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En la historia universal de la infamia PDF Imprimir E-Mail
Escrito por Salvador Lopez Arnal   
jueves, 23 de octubre de 2008
Para el admirable luchador, maestro y camarada Marcelino Camacho, que conoció los muros de la cárcel.

Muy brevemente.

Lo recordaba Juan Antonio Ramírez. Presos republicanos construyeron el denominado “Valle de los Caídos” y la cárcel de presos políticos de Carabanchel. El compañero de la hermana de mi madre, militante de la FAI y de la CNT, fue uno de ellos. Le esclavizaron para la ocasión.

El día 21 de octubre, de madrugada, con la nocturnidad y alevosía que la ocasión exige, dos excavadoras abrieron dos enormes boquetes en lo muros de la parte posterior del recinto de Carabanchel. Diez horas más tarde, las máquinas seguían recogiendo las piedras y chatarra de lo que fue el edificio de mujeres.

Ese mismo día, mientras las máquinas hacían su trabajo, en la comisión de Interior del Congreso Diputados, IU, a pesar de contar con el apoyo del grupo mixto, de CiU y el PNV, no consiguió que fuera aprobada una proposición no de ley en la que se instaba al Gobierno (¿socialista?) a salvar el derribo de la prisión para instalar allí un Centro para la Memoria Histórica y la Paz. PP y PSOE unieron sus votos, una vez más, para rechazarla. Llamazares fue replicado por Juan Barranco, el antiguo alcalde Madrid, quien aseguró, con la voz tronante que la ocasión requería, que no se había iniciado ningún proceso de demolición. Recordemos a Carroll y su Alicia a través del espejo: “yo mando y las palabras significan lo yo quiero, ni más ni menos”.

Al día de hoy, incomprensiblemente en mi opinión, y ante tamaño atropello, la izquierda sigue acudiendo a las instituciones, los sindicatos no convocan jornadas y acciones de repulsa, la ciudadanía no clama en las calles por una mínima decencia histórica. ¿Qué debemos esperar para gritar con Raimon que nosotros no somos de ese mundo?

Si alguien tenía dudas, si alguien vacilaba al reflexionar lo sucedido en la transición, aquí tiene otro ejemplo: la derrota cultural y política de la izquierda -en circunstancias, admitámoslo, nada fáciles, cuando el pulso temblaba al tomar decisiones y el fascismo campaba a sus anchas por las calles del Reino- es de libro, abisal e histórica a un tiempo. Los inteligentes planteamientos de la derecha política neofranquista, fáciles por otra parte en posición dada su fuerza aplastante pero sin duda contestada socialmente, es de obligado reconocimiento; las posiciones de la izquierda quizás no lo fueran tanto y la persecución (y acusación de demencia política izquierdista) de las voces y organizaciones críticas a los pactos (in)transitivos y a posteriores acuerdos monclovitas, miradas ahora, pensadas con sosiego, resultan injustas e inadmisibles, totalmente inadmisibles. La transición, la modélica transición política española, significó, admitámoslo, la entronización de los borbones, la conquista si duda de algunas libertades y la irrupción sin apenas réplica de un capitalismo salvaje y sin alma que privilegió aún más a los ya privilegiados. La lucha de clases toma esas formas y, como reconoció el mismísimo embajador usamericano en el Chile de Pinochet, es absurdo, literalmente absurdo, pedir a una clase dominante que se suicide pacíficamente. Los seres suelen persistir en su existencia.

Pasemos página si se quiere, no hurguemos en viejas heridas de la izquierda, no volvamos una y mil veces sobre lo que hicimos y podíamos haber hecho, pero aceptemos también que la historia no puede clausurarse y que nadie ha dicho que los pactos, con pistola cargada en la sien, de una generación obliguen a otras generaciones.

Los cincuenta inmigrantes rumanos que vivían en el recinto desde hacía dos años recogieron sus pertenencias esta última semana. Debían el cumplir el plazo de 24 horas dado por la policía franquista…, perdón, la policía nacional para que abandonaran el lugar. La infamia se acumula, la impiedad campa por doquier. La consistencia del atropello es ejemplo recomendable para clases de introducción a la lógica formal.

Unos vecinos del barrio se opusieron al atropello, jóvenes y maduras voces claman en diarios y en páginas de la red llenas de indignación. La esperanza sigue siendo un asunto poliético lleno de sentido.

Modificado el ( jueves, 23 de octubre de 2008 )
 
El fin o la continuación del neoliberalismo PDF Imprimir E-Mail
Escrito por Vicenç Navarro   
jueves, 23 de octubre de 2008

La creciente intervención de los estados en la resolución de la crisis financiera (que ha incluido, en varios países como EE.UU., una parcial nacionalización de centros bancarios), ha sido interpretada como el fin de la época neoliberal iniciada en EE.UU. por el Presidente Reagan (y por la Sra. Thatcher en Gran Bretaña), hace treinta años. En esta lectura de la realidad se asume que el neoliberalismo se caracterizó por la reducción del papel del estado en las esferas financieras y económicas, reducción que terminó ahora con las medidas claramente intervencionistas del estado en la resolución de la recesión (y posiblemente depresión) que existe a nivel mundial.

Esta supuesta reducción del estado durante la época neoliberal (1980-2008), sin embargo, no ocurrió en realidad. En EE.UU., país considerado como la máxima expresión del neoliberalismo, las intervenciones estatales crecieron durante aquella época liberal 1980-2008. El gasto público, por ejemplo, se incrementó notablemente en EE.UU., pasando de representar el 34% del PIB en 1980 al 38% en 2007. El gasto público per capita también subió de 4.148 US $ en 1980 a 18.750 en 2007. Y los impuestos subieron de un 35% en 1980 a un 39% en 2007. En realidad el Presidente Reagan fue el Presidente de EE.UU. que subió más los impuestos en tiempo de paz en toda la historia de aquel país. Los recortó muy notablemente para el 20% de renta superior de las familias, pero los incrementó para todo lo demás. En resumidas cuentas, no hubo una disminución del papel del estado en la sociedad estadounidense sino un cambio muy significativo de sus prioridades como lo demuestran los cambios que han tenido lugar en el presupuesto federal durante el periodo neoliberal. Así, mientras al principio de tal periodo, en 1980, el gasto federal que iba destinado a personas (a través de transferencias y servicios públicos a personas) representaba el 38% de todo el gasto, el gasto militar representaba el 41% de todo el gasto y el gasto de apoyo a las empresas (incluido las financieras) representaba el 21% del total, a finales de tal periodo en 2007 el gasto a las personas había descendido al 32% mientras que el gasto militar había subido al 45% y a las empresas el 23%. Este último porcentaje ha subido de una manera espectacular a raíz de la compra de activos y apoyos a la banca por parte del gobierno federal.

Es tos datos muestran como el discurso liberal (supuestamente antiestado) sólo aplica a cierto tipo de intervenciones: aquellas relacionadas con el bienestar de las personas, primordialmente de las clases populares. No así a la mayoría del gasto e intervenciones públicas. Hay pues que señalar que durante el periodo liberal hubo un desfase entre el discurso retórico neoliberal y la realidad. Como bien dijo John Williamson, el intelectual más influyente dentro del consenso neoliberal de Washington “Tenemos que darnos cuenta de que lo que el gobierno federal de EE.UU. predica en el extranjero y lo que hace en casa no son lo mismo” .

Estas observaciones son relevantes pues lo que estamos viendo estos días no es un cambio sino una expansión de lo que ha ido ocurriendo durante aquel periodo. El establecimiento de la nueva autoridad del gobierno federal (que gastará más de 700.000 millones de dólares, además de los que ya ha gastado, representando en total un 17% del PIB estadounidense) está dirigido por el mismo equipo y las mismas personas que dirigieron la banca Goldman Sachs y otros centros financieros de Wall Street. Como dijo el Senador Sanders (el único senador que pertenece a la Internacional Socialista en el Congreso de EE.UU.) la creación y modus operandi de tal agencia es “la instrumentalización más abusiva del estado por parte de la banca en la historia de EE.UU.” El gobierno federal compra las hipotecas basura de la banca y otras acciones, a la vez que renuncia al voto que tal compra le permitiría en la toma de decisiones de la banca intervenida. Lo que estamos viendo no es pues el fin, sino la continuación del neoliberalismo. Es más. La banca y el mundo empresarial quieren aprovechar esta crisis para continuar resolverla a través de medidas neoliberales tales como la reducción de salarios, el aumento de la precariedad, la reducción del gasto a las personas, la privatización de la seguridad social (sí, sí, lo ha leído bien, la privatización de la seguridad social), el aseguramiento privado de la sanidad y otros servicios del estado del bienestar. Hemos visto, incluso en España, como portavoces del mundo empresarial y financiero han pedido inmediatamente una expansión de muchas de tales políticas públicas como manera de resolver la crisis financiera actual. Si ello ocurriera, sería ya la victoria final del neoliberalismo.
Modificado el ( jueves, 23 de octubre de 2008 )
 
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